martes, 2 de agosto de 2016

CANNABIS SATIVA.

CANNABIS SATIVA.


Para mi entrañable amigo, Coñi Aguire; con el único afán de seguir cagandonos de risa.

Una tarde cuando el sol se ocultaba entre los empinados cerros cubiertos de nieve, el “Che” acababa de lanzar las ultimas bocanadas de humo de su pitillo de mariguana. En esas circunstancias, abruptamente, su  embelesamiento  de pavesas de humo  fue interrumpido por unos golpes en la puerta de entrada de la primera planta de la casa. Con el cabello enmarañado  y la barba larga traspuso su cabeza por el hueco de la ventana y vio al flaco Waldo. Waldo levantó la vista y las miradas se encontraron traduciéndose en una señal de visita. “Habla huevón”, dijo el “Che”;  “Acá pues vengo a hacer hora”  dijo Waldo.  “En un toque bajo” replicó  el “Che” y bajó a abrir le la puerta a su entrañable amigo.
Se sentaron en los muebles dispuestos en la sala y se pusieron a charlar  durante largo rato de cómo les iba en la universidad,   de bonsáis, de minerales,  y no cayeron en la cuenta que aun cuando la charla estaba aburrida había pasado ya un buen tiempo; hasta que el “Che” propuso llamar a Lewis, Reynaldo y otros amigos para hacer más llevadera la tarde. La tecnología y las ganas de reencontrase entre paisanos en una ciudad foránea hacían esa maravilla de reunir a los amigos. Dentro de poco, mientras la charla empezaba a desfallecer, empezaron a aparecer los amigos. Primero llego Aldo flamante ingeniero, con una bolsa de supermercado donde tintineaban unas botellas de algún licor que hizo a más de uno evocar algún recuerdo vomitivo. Dejando la bolsa en el piso de la sala dio a cada uno un esforzado abrazo para restañar la distancia y el tiempo, luego se dio a recorrer la sala viendo las fotos en blanco y negro pegadas en las paredes cubiertas de yeso de la sala.
La algarabía del encuentro se tradujo en copas de ron con Cocacola que iban y venían trazando rutas geométricas de ángulos agudos entre la boca  y la mano mientras recordaban   vivencias de la secundaria y los maestros que habían jodido durante la época de escolar. El “Che” se emocionó tanto que no pudo contener su emoción sino sacando un paquete de “yerba” de una vieja cajuela de  metal que un día envasaba algún confite. Arrancó una hoja  del Deuteronomio de una vieja Biblia que tenía a su alcance  y con una porción de mariguana de su paquete empezó  a enrollar un cigarrillo que lo coronó con una línea de saliva con la punta de la lengua sobre el papel para sellarlo; y finalmente  para destacar lo recordado dijo: “¡Qué loco huevón!”.
El pitillo fue transitando como una herida inestable de la tenue penumbra, preparada intencionalmente para emular un ambiente mágico,  sostenido a ratos entre los dedos y  los labios de los concurrentes. Mientras el “Che” iba instruyendo como retener el humo sagrado de la yerba para que hiciera efecto en las mentes vírgenes de los novicios. Luego de unos momentos algunos cantaban en inglés “Yesterday” de los Beatles, otros quedaron con los ojos mirando al infinito, otros se tiraron al piso emulando a Cristo en Getsemaní y oraban ardientemente, mientras “El Poeta” Joshua recitaba cinco metros de versos endecasílabos. Solo Ronaldiño entró en trance casi diabólico que se iba incrementando conforme pasaban los minutos. Botaba babas, se contorsionaba como un poseído mientras el “Che” trataba de calmarlo diciendo: “Vamo a calmarno, Diño”.
El trance de endemoniamiento en que entró Ronaldiño extrajo a todos de su propio trance y los preocupó porque no había quien y ni nada que pudiera calmarlo. Entonces  el “Che”  en su desesperación dijo: “Pónganle la Biblia en el pecho y recemos carajo”. Entonces el poseso del humo empezó a hablar idiomas desconocidos, a hablar en reversa y botar babas verdes que asustó aún más a los contertulios. En eso entró a la sala, con cierto apuro, la hermana del “Che” y viendo al poseso en ese trance expresó: “Ronaldiño pórtate bien carajo”;  y entonces el  energúmeno como si hubiera oído a la Virgen María se calmó en el acto; sin embargo, apenas la joven se retiró luego de sacar algo de su dormitorio, nuevamente empezaron las contracciones, las babas y los idiomas desconocidos.
Luego de muchas oraciones, agua ligeramente bendita sobre el poseso y unas biblias más sobre el pecho; los vómitos calmaron. El poseso pudo ser exorcizado mientras los concurrentes iban saliendo del sahumerio; así, el gringo Lewis cogido del brazo por “El Poeta” bajaba los peldaños diciendo “¡Que bestia, que altura carajo!” sobredimensionando en su ensueño los peldaños de la escalera.

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