martes, 21 de mayo de 2013

DON PUSHPI, EL PISHTACO.

Don Prospero Roca Vidal

              En el flanco oeste del rectangular patio de la casa en que vivo y que fuera de mi abuelo don Prospero Roca Vidal, cuando niño recuerdo, había una habitación cuya puerta marrón era custodiada por dos macizos candados corroídos por el tiempo y el olvido. Solo por la rendija de la puerta, atisbando en la oscuridad de la habitación, se podía adivinar la tosca silueta de fierros con formas extrañas  para nuestro impúber entender. En las paredes, ayudados por la débil luz del día que se filtraba por las hendiduras de la puerta, se podían ver colgados en las paredes teléfonos y otros trastos desconocidos para nuestro entendimiento.
                Cuando el tiempo inherente a los días pasaban y nuestra curiosidad traspuso la rendija de la puerta  pretendiendo descubrir que escondía esa misteriosa habitación iríamos a comprender que esos fierros mohosos que permanecían como monstruos en reposo fueron la admiración de los chacasinos y el orgullo de la familia. Eran la turbina pelton y el generador  fabricado por la Siemens Alemena y que el abuelo había comprado para iluminar el pueblo y que un día fortachones cholos trajeron cargándolos en kirma1 y a lomo de mula desde Casma bajo el mando de Clemente, ese cholo recio e indómito que murió desamparado y empiojado en su lecho de pellejos de oveja.
Pero  esos monstruos metálicos que un tiempo iluminaron las noches tristes y lúgubres chacasinas originarían la fama de pishtaco de mi abuelo don Pushpi, fama que se extendió a sus hijos  de los que se decía que andaban degollando gente, salteando en los caminos inhóspitos, para extraer la grasa a sus pobres victimas  que luego servirían para lubricar las delicadas piezas que las maquinas tenían en sus panzas. En mi ingenuidad no cabía como un viejo bonachón, casi  semejante al viejo Papa Noel que la maestra nos había dibujado en la pizarra, podía andar despanzurrando gente y luego repartir golosinas entre la rapacería que se reunía en la plaza del pueblo atraídos los confites que el abuelo repartía  como a polluelos que reparte maíz llamándolos: “chipa, chipa, chipa2…..” mientras ellos se revolcaban  en torno suyo tratando de coger un caramelo.
Cuando el abuelo con fama de pishtaco tenía varios años de finado, estimulado por la curiosidad hurgué, con la ingenuidad de mi niñez, cada resquicio, cada rincón oculto, cada aljarafe de la inmensa casa que nos legó  buscando algún indicio, alguna evidencia de ese oficio infame que la gente le había endilgado. Sin embargo, no hallé nada que me condujera a tener la certeza de lo que la gente circulaba con afán maledicente contra ese viejo que casi no tuve tiempo de conocer y cuyo retrato colgado en la sala de la casa hablaba más bien de un espíritu dulce y generoso.
Un día, después muchos años de muerto  mi abuelo, mi madre hacia trabajar a un bracero en el patio trasero de la casa recolectando el estiércol de las ovejas para regarlas luego en la huerto.  El hombre luego de ver las catacumbas que hay en los cimientos de las casa entró en pánico y se quejaba  de su desventura al estar en ese patio a merced del filoso cuchillo  de los pishtacos que su imaginación le hacía ver: “Cuncatzura shejshimaran cayman yaykaskamunapa? Kairachi imaykaga, kayllanachar  ora karan ari3se lamentaba. Mi madre, desde la terraza de donde lo observábamos le dijo: “Au Eloy, imananquita4”. “Mamay keytatzura ruraycamanqui au, kaychoga kunkatachar pishtakayamanga5replicó Eloy.  Mi madre inmediatamente preocupada por las inaudita reacción, le abrió la puerta por donde Eloy despavorido corrió como alma aburrida, raudo al que no lo vimos más.
Y ahora después de tanto tiempo el pueblo casi no ha cambiado las conjeturas y los odios ahí están latentes y gobiernan los espíritus ruines.


1 Kirma.- Camilla
2 Chipa.- Expresión onomatopéyica para llamar a los pollitos o gallinas.
3 “¿Me habrá cosquilleado el cuello para entrar aquí? ¿Esta es mi última hora de vida pues?”
4 “¿Oye Eloy que es lo que tienes?”
5 “Mamita ¿por qué me has hecho esto?, pues aquí me van a cortar el cuello.

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