sábado, 4 de agosto de 2012

EN PIRUSHTU HAY UNA BANCA ...



Hoy hemos ido al local de la Cooperativa Artesanal “Don Bosco” en Shullya Yacu a recoger unas vestimentas de “Huanquilla” que el capitán de Huanquilla del año pasado no ha entregado y que Coñi Aguirre (Huanquilla amateur y sempiterno) había obsequiado al Colegio Amauta Atusparia. Nos atiende, Lorgio Arellán, el solícito administrador melenudo de esa cofradía de artistas de la madera. Esa  melena   abundante y retintamente negra nos infunde unas ganas incontrolables de meterle tijera, pero hay que contenerse y guardar la cordura. Mientras esperamos la entrega de las vestimentas Lorgio nos invita un café expreso “italiani” que está preciso para el frío que nos embarga en la sombra mientras los rayos solares resplandecen afuera. Al acercarnos a servirnos el café a una especie de aparador - repostero nos sorprende gratamente los detalles del mueble que según Lorgio es un “experimento” y que al toque me sugiere la pregunta de por qué ese experimento no lo han hecho en mi casa. El negro café nos ha quedado “chico” pero las reglas sociales nos impiden pedir repetición. Mientras nuestro deseo insatisfecho se va disipando, Lorgio, nos invita a observar un parque infantil que ha instalado en un terreno aledaño a la Cooperativa. El parque tiene algunos juegos como columpios, un potro salvaje mecánico, etc. etc., que muy pocos chacasinos conocen y saben que existe.
Al regreso nos muestra una banqueta con techo que  un grupo de artesanos se afanan en acabar. Lorgio nos dice que será ubicado en “Pirushtu”, lugar al que la tradición chacasina le ha otorgado el sino de reducto de los corazones enamorados. Apenas termina de mostrarnos estos trabajos gratuitos que realizan se nos viene a la mente una paradoja: como es que en el Perú puede suceder que instituciones que tienen ingentes recursos no pueden realizar, construir o gestionar obras con poca inversión pero que pueden atraer visitantes mejorando nuestra infraestructura turística y explotando nuestras tradiciones en vez de distraer recursos en obras elefantiásicas que muchas de ellas no van servir a nadie; verbigracia, Carretera Chacato-Juitush. Según Lorgio, estas iniciativas; es decir las de las bancas y parques, no pasan de una inversión de tres mil soles; pero, de hecho fortalecen nuestras potencialidades turísticas y ojala despierten iniciativas públicas en la misma dirección.
Esta visita, entre los concurrentes, nos conduce a un debate en la que la discusión se orienta a cómo podríamos recuperar parajes turísticos como “Hurahuanca”, “Mamita Lurdes”, “Ucchu Rumi”, “San Juan Cruz”, “Gantu Jirca”, etc. a través de una política de puesta en valor con infraestructura, reseña escrita con relatos que podría venderse a los visitantes y un servicio de visita guiada que se plantee como opción alternativa de disfrute de nuestra riqueza cultural e histórica local.
De lo narrado surge la interrogante ¿por qué quien tiene que tener la iniciativa, el empeño y la imaginación para generar espacios y alternativas de desarrollo turístico sostenibles, con poca inversión y buen gusto no lo realiza? ¿O será que solo aquel que hace las cosas de manera gratuita inyecta a  sus obras buen gusto, perspectiva de futuro y sentido de “austeridad”?.

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