martes, 4 de octubre de 2011

CASTIGO DE SAN MIGUEL ARCANGEL

               
              El tío de la joven con mucho esfuerzo acarreo sus trastos de calichero a Chinchurajra. Como todos los años quería aprovechar la concurrencia de los fieles de San Miguel Arcángel abogado de los proscritos  del bien para procurarse algún dinero con la venta de emolientes y caliches en esas fiestas de rostros esquivos que convoca el Santo Arcángel vencedor del demonio. Había dejado a su joven sobrina en la casa de Uchcu Rumi confiado en la  decencia de la muchacha.  Sin embargo, una ínfima sospecha de que la joven no era tal, le corroía la mente y le empujaba a retornar inopinadamente para corroborar su confianza de la virtud de la joven y despejar por siempre sus dudas.  
                Mientras el calichero Kuki sufría las consecuencias de sus cavilaciones, en su casa un bulto rollizo traspasaba la puerta con mucha cautela para evitar cualquier ruido, mientras la joven Mery lo esperaba con ansias en su aposento. Era el gordo Francesco que como todas las noches que el calichero salía a ganarse  el pan de pada día,  él ingresaba a la casa a ganarse los favores de la joven Mery.  Apenas ingresó al dormitorio se dispersó toda su gordura para acariciar la suave y tersa piel de Mery. Estaban retozando  como dos niños desplegando toda su inocencia sobre las sabanas de bayeta cuando de pronto escucharon que alguien desataba la aldaba que con tanto afán había logrado asegurar el gordo. El extraño visitante no era sino Kuki el calichero que volvía de Chinchurajra sólo con la intensión de comprobar la virtud de la niña. Le había costado esfuerzo caminar el largo camino pedregoso y lodoso que separaba Chinchurajra de Chacas en plena oscuridad;  pero, ahí estaba como buen tío cuidando la honra y dignidad de la joven sobrina.
                Paso la puerta e ingresó  al dormitorio de su joven sobrina con una vela en la mano. Apenas sus ojos se acostumbraron a la tenue luz que irradiaba la vela pudo ver a su sobrina en cueros  y junto a ella un bulto cubierto con la frazada. ¡Pita¡ caraju¡, ¡Pita caraju¡* gritaba furibundo mientras el bulto se movilizaba como un fantasma en la penumbra. Lo que intentaba Francesco era recuperar sus prendas que estaban debajo de la cama y  así lo hizo mientras recibía correazos por sobre la frazada que cubría su identidad. Luego con la mayor sangre fría posible espero que el tío se descuidara para emprender huida siempre tratando de encubrir su identidad con la frazada.   No bien observó que el tío dedicaba sus golpes a la pobre joven aprovechó para escabullirse a todo correr. Cuando llegó a la puerta calculó que descalzo como estaba por el camino pedregoso el tío lo alcanzaría, así que se escondió tras el muro junto a la puerta y esperó. Tal como había previsto apareció raudamente Kuki y cuando lo tuvo a su alcance lo empujó por la pendiente por entre los rayanes que habían frente a la puerta y con el bollo de ropa en los brazos reemprendió la huida a su casa que estaba dos cuadras. Se metió a su casa y no tuvo que desvestirse para meterse a la cama. Apenas se había introducido en la cama unos desaforados golpes despertaron a todos en la casa. Era Kuki que golpeaba la puerta y que de alguna manera había reconocido al gordo bribón que le había hecho comprender que el mundo no lo que uno piensa que es.
                La mamá del gordo salió al balcón a responder las bravuconerías del tío deshonrado que desde el piso con el puño amenazante acusaba a su hijo de haberse introducido a su casa y deshonrado a su sobrina.   Para responder a la acusación la mamá entro al cuarto y trato de despertarlo pero el gordo estaba profundamente apresado en los brazos de Morfeo. La mamá salió nuevamente al balcón a refutar la descabellada acusación del calichero que como un pichín seguía vociferando en la calle.
                Dice que el diablo hace la olla pero no la tapa, así que siembre las picardías se descubren. Cuando al día siguiente el gordo retornaba del colegio lo espera el Sargento para manifestarle con su voz de lija y a boca de jarro delante de sus compañeros: “Chito, ¡cuando vas a recoger tus calzoncillos del puesto¡”
*Pita.- expresión quechua para preguntar ¡Quién es¡

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