viernes, 4 de febrero de 2011

WALLPA SUA CHACASINO


WALLPA SUA CHACASINO
Hace muchos años - pero no muchos como para estar viejos - cuando robar gallinas aun era aun deporte en Chacas. Cuando la oscuridad era un manto inescrutable que lo cubría todo o tal vez había luz eléctrica; pero; para saberlo había que encender una vela. Cuando las calles en las noches solo estaban habitadas de un sepulcral silencio; alguien se deslizo por el balcón de su casa, rompió el silencio nocturno con sus profanas pisadas para reunirse en algún rincón  alejado de la ciudad con los otros amigos que compartían la media botella de anisado que les quedaba.
Un sobresalto arremetió en el temple de cada uno, pero rápidamente se recompusieron al reconocer a Oscar que llegaba presuroso a la cita convenida. Terminada la última gota de anisado enrumbaron hacía la cerca semiderruida de don Aníbal, iban escoltados con un policía para no ser sorprendidos por la policía. La cerca estaba circundada por un tupido bosque de eucaliptos, crecidos como para servir de techumbre de una casa. Fue fácil ocultarse para no ser descubierto o más bien reconocidos. Sin embargo, andaría algo mal porque alguien más había ahí escrutándolos, como bestia endemoniada acuclillada en la intensidad del bosque y solo se podían percibir su respiración nerviosa.
Emprendieron la huida como ganado en estampida, saltaron todas las tapias, las acequias, y llegaron a la plaza uno por uno jadeando, y luego  tranquilizándose poco a poco  se recontaron y eran  nuevamente los cinco, incluido el policía. Quien podía haber sido aquel que frustró la rapacería de la gallina que en esos momentos ya hubiera sido un cuerpo inerte, desplumando, frio y   deforme.  
Oscar opinó no desfallecer en el propósito y ofreció una incursión en su casa donde había muchas gallinas, gallos, patos, y otras aves domesticas y sustanciosas. Con tranquilidad pasmosa se dirigieron hacia el corral detrás de la casa grande. Con la ayuda del policía  dos de ellos treparon la alta tapia. Con las señas que les dio Oscar pudieron encontrar con facilidad las gallinas. Tomaron dos y salieron nuevamente por sobre la tapia, y ¡Brum! saltaron cada uno con su gallina al frio empedrado y todos se encaminaron a   estrangular a las pobres gallinas que esa noche no terminaron de soñar.
Una hora después tomaban un reconstituyente caldo de gallinas negras mientras se recobraban del susto de las horas antes.
(Recordado en el Reencuentro de amigos en la Casa de Coñi Aguirre. Cieneguilla - 2011)

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