martes, 20 de diciembre de 2011

¡FELIZ NAVIDAD!



Manuel, sé de la gran audiencia que tienes, por ello me permito solicitarte que les hagas llegar a todos nuestros hermanos  chacasinos, mi humilde saludo Navideño, deseando para todos una feliz Noche Buena y un año nuevo mejor que el que se va.
Gracias Manuel.
Un abrazo
Hace algunos días Don Manuel Cunza, que vive en Petterson EU, me encargó saludarlos a todos ustedes que me que me leen y  aprovechando el cumplimento de ese encargo, quiero decir algunas cosas sobre las fiestas navideñas aun cuando no soy un entusiasta seguidor de estas ellas.
Si la navidad es un momento místico  de calidez, de armonía y reencuentro familiar, si la navidad es una posibilidad de disfrutar el tenue crepitar de las gotas de lluvia al estallar en el piso mientras perdonamos a quienes nos hirieron alguna vez, si la navidad es un tiempo sin reloj que nos aísla de lo superfluo y nos permite abrazar a la persona querida, si la navidad es concedernos la posibilidad que somos humanos a pesar de todo, si navidad es ver reflejada en la sonrisa de un niño nuestra propia felicidad en cada uno de los minutos y horas de nuestras vidas entonces, la NAVIDAD tiene sentido celebrarlo.
Si en cambio cada palabra y pensamiento que sale de nuestro ser esta percudido de rencor y odio, si desviamos nuestra vista de quien extiende su mano reclamándonos  una ayuda, si no nos conmueve el rodar de una lagrima por la mejilla de un niño porque le hace falta una caricia paterna, si no recordamos con cariño a un amigo que anda lejos quien sabe recordándonos, entonces será una celebración pueril porque nuestras vidas no estarán en armonía con el espíritu que encarna la navidad.
Espero paisanos, amigos, parientes  y quienes sean que se dan el afán de leer estas líneas, que son escritas desde el confín de la tierra, el más hermoso, Chacas; lo entiendan como la expresión de un sentimiento de gratitud por tenerlos como lectores y amigos; y que el hecho de estar ligados a  Chacas a través de la celebración de nuestras tradiciones y la  fe en un mundo mejor siempre nos unan a pesar de todo y por sobre todo.
Finalmente, y en una conjunción espiritual con don Manuel Cunza, desearles una Feliz Navidad y un Próspero Año Nuevo 2012.



martes, 13 de diciembre de 2011

CUENTOS DE NAVIDAD

El recuerdo de una noche fría junto a mi madre, alrededor del nacimiento del niño Jesús que despedía una fragancia a musgo y a ramas de quenual recién espigadas, velas chisporroteando para alumbrar la densa noche de la sala;  es la imagen más recurrente cuando intento recordar una noche navideña. Era la sala de la tía Lidia Cafferata que armaba  el nacimiento navideño en la tienda de su casa que acogía  a los noctámbulos feligreses que se atrevían  a confrontar el gélido invierno que estrenaba sus primeras lluvias. De rato en rato circulaban “Grog” en pequeñas tazas que ensayaban atenuar el frío y cosquillear los pies para la danza.
Casi a media noche como para mitigar el hambre que asomaba por entre las tripas iban de plato en plato, desollada sin compasión una plumífera carne convertida en un consomé salubre y humeante. Pero ya antes  algún feligrés fervoroso había hecho votos y compromiso de repetir una fiesta similar el mismo día del mismo mes del siguiente año. Y así la historia se repetía de manera cíclica con  imperceptibles modificaciones.  A esa fiesta las llamábamos “Niño Velay” (Velar al Niño) y de ellas las más famosas eran las que se organizaban en la casa de la tia Lidia; en la casa de la señora Luisa Castillo, “Shaiwa” y la casa de la señora Julia Bedon, “Shura”.
Luego conforme uno iba creciendo causaba una emoción inusitada la contingencia de bailar negritos con tu cotón  celeste, mientras don Anticho con su hablar calmado y parsimonia intentaba controlar a una gavilla de pícaros púberes  en su empeño de hacernos grabar  las letras del “Saca Chicha” y los versos con los que los negritos adoraban al Niño Jesús.  Y entonces la navidad se convertía en una experiencia híbrida de misticismo religioso y de iniciación alcohólica. Claro, la visita a los Angelitos era la culminación más suspirada después de un inspirador vaso de chicha de jora rociada  con unas gotas de alcohol.
Entre lluvias y el frío intenso se acercaba las Bajada de Reyes y nuevamente los Angelitos desfilaban rodeados por el demonio disfrazado de rojo encarnado por "Cachi Santos" que tenía licencia para llevarse el frasco de caramelos de la tienda del Tio Estenio y  junto al Auquis (Viejo)  y la “Chacuas” (Vieja) repartia los caramelos entre la algarabia de la chiquillada. Era entonces el sugestivo  colofón de nuestras fiestas navideñas para los que no habiamos recibido el regalo de Papá Noel. Claro que es ese entonces no habían salvajes mozalbetes  disparando proyectiles para agredir irresponsablemente  al pobre Diablo.

martes, 6 de diciembre de 2011

HOMENAJE Y MEMORIA PARA UN MAESTRO


Comedor del Colegio Amauta Atusparia

¿Quién no echa una mirada al sol cuando atardece?
¿Quién quita sus ojos del cometa cuando estalla?
John Donne


Ese memorable poema de John Donne “Las Campanas Doblan Por Ti”, al cual accedí a través del epígrafe de la obra “Por Quién Doblan Las Campanas” de Heminway, expresa un pensamiento absolutamente sugestivo sobre la vida y la obra de las personas. Donne ensaya  la tremenda contundencia e influjo  de la vida de los individuos en la de los otros. Así, cada vida es la extensión de la vida de los otros, cada pensamiento, cada recuerdo, cada perfil que uno mantiene en la mente es la extensión de quienes compartieron con uno la vida. De modo tal que escribir es una manera de entender nuestras vidas, la nuestra y la de los otros, más allá de los confines de la vida misma.
Cuando el maestro  Godofredo Montoya, me expresó su deseo que prologara uno de sus libros testimoniales, lo entendí como una deferencia que extendía a uno de sus aturdidos ex alumnos y al mismo tiempo que me llagaba la oportunidad de ponderar la labor que desarrolló durante su extensa permanencia en Chacas y particularmente en el Colegio Amauta Atusparia. Si a alguien ha tenido el colegio como fundador de una política de trabajo de pasión y sacrificio ha sido precisamente el Maestro Godofredo Montoya Gonzales, quien con su ejemplo y trabajo delineo el rumbo a seguir de quienes lo hemos tenido como paradigma de buen profesor y mejor persona.  El solo hecho de fundar el comedor escolar que lleva su nombre denota una clara voluntad y preocupación social, de refundamiento de la acción solidaria de quienes no tenían como alumnos la posibilidad de contar con almuerzo para atender a sus labores escolares.
Aun cuando las sociedad olvida con mucha facilidad  a sus actores, nosotros que de algún modo entendemos que la memoria es un recurso de fortalecimiento del alma social no podemos actuar sin recodar. La memoria colectiva es una herramienta de identidad y de defensa de nuestra cultura y heredad espiritual. El olvido es la epidemia que cunde la  desnaturalización cultural y uno de sus efectos más inmediatos es la falta de gratitud a la personas que contribuyeron en el desarrollo de los pueblos. Por eso para no pisar el mezquino piso de la indiferencia y la falta de gratitud, quien en su corazón aún conserva latente el acogedor fuego de ser atusparino, tiene una cuenta por saldar con quien fue, es y será el Maestro de mayor recordación, aprecio y estima de todo atusparino con memoria.
Creo quienes visitan mi cuenta der Facebook tienen ya la información que los libros testimoniales escritos por el maestro Motoya serán presentados el día 20 próximo a las 7 de la noche en el local de la Derrama Magisterial, en Jesús María, Gregorio Escobedo. Sera un recuentro atusparino imperdible.

martes, 29 de noviembre de 2011

CINTA ROSADA


                               Esa cinta rosada amarrada a la pata de la gallina que la sujetaba del rosal para evitar que escarbe el gras del patio fue cuidadosamente escrita con letras doradas por el pintor más solicitado por las candorosas y presumidas chiquillas que cada fiesta de agosto visitaban Chacas buscando jaleo, licor y distinción. Judita la había hecho pintar con anticipación para asegurarse que fuera la cinta más atractiva, que colgada en el alambre se destacara de las otras por las flores, las letras antiguas de las que llamaban góticas y las fragantes gotas de perfume que le había salpicado.
                               Redmond pensó que había encontrado esa parte que parece que nos faltara en los atardeceres en el que horizonte nos infundiera una soledad insalvable. Su aire arisco, lindante con la rebeldía del pajonal, su sonrisa hechicera, su candidez indescifrable hicieron todo lo que no pudo la palabra, fue como una fogonazo de fuego que encendió y estimuló sus más furtivas glándulas. Apenas la vio supo que ese amor sería rebelde, apasionado, doloroso; pero sublime. En cada fiesta a pesar del sueño que lo perseguía como una condena, tenía que sobrevivir a la noche, al frió que le entraba como veneno adormecedor por entre las piernas entumecidas ya por naturaleza. Un  día en una fiesta llegó al extremo del sacrificio de dormirse debajo del chorro de agua que fluía del caño en el que colocó su cabeza precisamente para no dormirse y asi seguir bailando con quien había conquistado su alma, corazón y vida.
                               Era como una devoción que le tenía, incluso cuando hablaba por teléfono se sacaba el sombrero como expresión de respeto, de amor, de recuerdo y olvido a la paja brava, salvaje e insurrecta que se había convertido para él la linda Judita. Con el cántaro de chicha sobre los hombres, la radiograbadora en las manos y la emoción incontrolable  de ver a su tierna y dulce Judita no sentía ni el dolor en las articulaciones que cada día el frío  y la soledad iban corroyendo. El primer beso que le impregnó en los encarnados labios que siempre los presumió vehementes, y a pesar de los anteojos que se le resbalaron por entre las barandas del balcón en la que la besó, fueron una sensación de conquista  épica donde el cálculo y la táctica surtieron sus efectos. Claro que al día siguiente tuvo que recoger discretamente los benditos anteojos por los que había manifestado la noche anterior su presumido desprecio como signo de ostentación.
                               Ahora viendo las cinta rosadas con letras doradas manchadas de barro  que sostenía las inquietas patas de la gallinas no sabía si sentir  nostalgia o cierta perturbada sensación de satisfacción y de venganza. Sin embargo, recordó  cuanto le había costado ensartar la argolla de la cinta con  la punta de madera sobre aquel frenético y brioso alazán. En fin cosas del destino, su esposa que había eclipsado el recuerdo de Judita no había visto mejor uso de la cinta rosada, la que tanto tiempo lo mantuvo entre bolillas de naftalina, que amarrar a la gallina para evitar que escarbara el pasto del jardín mientras los niños revoloteaban el rosal.
  

martes, 22 de noviembre de 2011

KIKUYO


            Abrigado con un gabán que me aísla convenientemente del frio que afuera  debe ser intenso, viendo los cerros cubiertos de una blanda neblina,  la memoria me transporta a una noche fría que con intensión de conceder el  deseo a un amigo enamorado de una joven que vivía en los contornos de Chacas intentamos dar una serenata.
            En épocas estudiantiles la noche, el cigarrillo y  el licor barato eran cómplices de las perrerías, robos de gallinas y demás aventuras. Mientras, algún aficionado a la guitarra acompañaba los extraviados versos de alguna canción que evocaba un amor correspondido u otro inalcanzable, como aquel estribillo: “Las saluisinas son buena mozas, las chacasinas mucho mejor, cuando se sientan las dos juntitas hay mamacita no sé qué hacer”, entonada por la voz estridente de Javico que despertaba el sueño más pesado  del vecino de la bella a quien estaba destinada la serenata.
Así, en una noche fría de marzo un grupo de amigos casi todos estudiantes excepto Dante, ranqueado  guitarrista  y serenatero, bajábamos por la bajada de Cachca con chatas de ron en los bolsillos traseros para afinar la garganta cuando un resbalón en la húmeda pedrería nos descontó dos pomos del fuerte licor. Con el estrépito de la caída de uno nosotros,  Dante, que  con la guitarra  birlada de la sacristía en la mano, canturreaba en afán de ensayo algunas tonadas mientras bajaba tanteando el camino con la intensión de conceder el deseo a Oscar de ofrecer una serenata a la linda prenda de sus sueños; cuando de pronto y de manera inesperada rodó con toda su humanidad sobre la guitarra de la corista de la iglesia haciéndola añicos.  Repuesto de la caída recogió las láminas de madera  de lo que fueron algunas vez las endebles paredes de la guitarra y con toda decisión volvió a su casa a traer otra guitarra.
Entonados con unos sorbos de ron y la nueva guitarra reemprendimos camino hacia la casa de la  enamorada; sin embargo, un enorme charco a lo ancho del camino se opuso como  trinchera infranqueable y no nos permitía pasar. Uno a uno fueron pasando el lodo, adivinando algunas piedras que emergían del cenagal. Cuando intente pasar ayudándome de unas pencas de la ribera del camino mi embriaguez me jugo una mala pasada. Pues me incliné con la intensión de apoyarme de las pencas y el peso del cuerpo me ganó  y rodé por entre las pencas y caí de pie a un terreño inferior  sobre otro lodazal más grande y profundo. Cuando saque mis pies para librarme del barro uno de mis zapatos se quedó en fango. Intente ubicarlo en la oscuridad de la noche pero mis intentos fueron infructuosos, así que pedí ayuda a los serenateros. Algunos de ellos me ayudaron con una cajita de fósforos que encendíamos y en la breve luz de cada palito buscábamos el bendito zapato, pero nada. Mientras tanto  algunos de serenateros debajo del balcón de la moza  lisonjeada turbando el plácido sueño del padre celoso festejaban en cada tonada el amor de Oscar por su amada.
Al fin, después de tanto esfuerzo y de tanta cerrilla encendida encontramos el zapato. Nos reunimos con los serenateros que acaban de concluir la serenata. Subimos a Huaychopampa a seguir la celebración. José, que estaba casi en estado de trance espiritual producto del alcohol solicitó coca, hoja que en ese momento nadie tenía. Sin embargo, no dejaríamos de complacer a un amigo, así que arrancamos unas hojas del kikuyo que crecía a la vera del camino y le entregamos. Tal era su embriaguez que ni cuenta se dio que era kikuyo que empezó con la parsimonia que caracteriza a quien chaccha, una sesión de chacchado, evocando a los dioses y apus para que el amor de Oscar por la linda prima no fuera como el viento breve que corre en los meses de setiembre sino como  la roca eterna en la que sentado masticaba el kikuyo.

lunes, 14 de noviembre de 2011

CUANDO NO HACE FALTA ESCRIBIR


Como un pájaro libre de libre vuelo,
Como un pájaro libre así te quiero...
Mercedes Sosa.


                  Ahora que estoy como en un periodo de falta de inspiración quiero compartir la nota que escribí para agradecer a los amigos que me ayudaron a hacer la fiesta,  sobre todo con quienes no tuvieron la oportunidad de asistir a nuestra fiesta patronal del año 2010 y obviamente no leyeron el programa del Capitán de la Segunda  Tarde Taurina.  

                  La fiesta llegaba con la dulzura de un cuento infantil donde todo era posible, incluso los caprichos menos razonables. Nuestra plaza se convertía en una feria multicolor de ropa, zapatos, juguetes y música. Eran épocas de “Ferromeque” el vendedor de discos, de “Díaz” el vendedor de ropa “Fina” y de las noches de filmina con fotos estáticas que el padre Ugo nos mostraba entre las oraciones y cánticos. Eran tiempos de cohetes, luces de colores, de castillos impacientes y nerviosos que infundían emoción e inquietud entre el gentío y los niños. Eran tiempos de gente sencilla, creyente y de una fe inquebrantable en la mamá de todos, nuestra Virgen Patrona por todo los tiempos.
                        Era la semana en que todo estaba permitido, llegar tarde a casa, tomarte a hurtadillas algún amargo licor y tal vez, en la oscuridad de la noche entre luces centelleantes de los cohetes explotando en el cielo, robarle un beso a la vecina.

                        Y como en un cuento también, los años han pasado sin que lo hayamos notado. Y ahora los niños que un día fuimos, los que un día jugábamos en algún patio trasero imitando la corrida de toros y a la fiesta entera, entre barreras hechas de maderos de rayán y quiméricos castillos elaborados de palitos de fósforo, azufre y pabilo mojado en querosene, como reafirmación de nuestra fe en la Virgen y nuestra chacasinidad tenemos la obligación de continuar con el rito eterno de mantener nuestras tradiciones. Y que mejor hacerlo sabiendo que tenemos amigos antiguos y nuevos, que entienden que ser Chacasino encarna el dulce encanto del reencuentro  cuando el corazón nos empuja a estar juntos en una misma fe en torno a “Mama Ashu”,  siendo solidarios, hospitalarios y tradicionalistas. Es por eso que, quitándole un poco de espacio al programa, quiero agradecer a todos mis amigos, parientes y personas en general, por ayudarnos a hacer esta fiesta en homenaje a nuestra “Mama Ashu”.

jueves, 3 de noviembre de 2011

CHACAS EN DEFENSA DE SU CARRETERA



Un oscuro abogado; el estereotipo del lego fisgón, marisabidilla y de espíritu senil pretende frustrar las justar aspiraciones de los pueblos de Conchucos Sur (Provincias de Asunción y Fitzcarrald) al desarrollo y el bienestar con el pretendido argumento que la obra de la construcción de la Carretera Carhuaz – Chacas- San Luis estaría sobrevaluada para favorecer al consorcio integrado por la Empresa Odebretch. Sin duda, la lógica simple y las evidencias comparativas con construcciones de similares características harán que los fiscales con buen criterio desestimarán la antojadiza denuncia de este leguleyo sin mayores pergaminos que su estolidez.    
Si de algo se puede preciar Chacas y los pueblos beneficiarios de esta obra es de tener un Presidente Regional que lejos de calcular  los réditos políticos de sus decisiones, mide las obras por el beneficio que brindarán a la población. No puede ser más favorable para Chacas y la zona sierra de Ancash la coyuntura actual en la que el Callejón de Huaylas con criterio absolutamente incomprensible se opone a cualquier obra que el Gobierne Regional se empeñe en desarrollar en beneficio de su población. Sin embargo, de este lado de la cancha,  parece que algunos aún no han tomado conciencia de su rol y responsabilidad en esta cruzada por la defensa por el desarrollo y el progreso de nuestros pueblos y se hacen de la vista gorda frente al reto que significará defender lo logrado y  alcanzar lo que falta.

Hace exactamente una semana (26 de oct.) todos los pueblos que de una u otra forma son beneficiarios de la Gran obra del Gobierno Regional viene ejecutando,  han realizado una jornada de protesta frente a las pretensiones de boicotear el desarrollo de nuestros pueblos y obviamente respaldar al Presidente Regional, don Cesar Álvarez Aguilar,  de quien Chacas estará eternamente agradecido. Una multitudinaria  manifestación de ciudadanos conformada por chacasinos, sanluisinos, pomabambinos, llamellinos, etc., etc. marchó por las calles de Huaraz frente a la atónita miradas de citadinos que solo entienden su comodidad como progreso olvidando la realidad de los otros.
Por ello es necesario que estemos alertas para que ante la eventualidad de la paralización de la Construcción de la Obra Carretera Carhuaz –Chacas, estemos preparados para defenderla con verdadera pasión y entrega, obviamente dentro del marco legal y constitucional. Porque la lógica de estos predicadores del subdesarrollo  es joder y estirar la mano para ver si cae algo.
Post Data.- Para los que están ansiosos de saber el avance de la obra les informo que según mis cálculos la plataforma de la carretera debe tener un avance del 60% de los cuales un 15%  está afirmada, con impermeabilizante y cunetas en tramos. No tengo fotos porque sólo se viaja de noche.



martes, 1 de noviembre de 2011

UN EXTRAÑO EN MI ALCOBA

               

Esta historia es un tanto incomoda relatarla para mí,  solo la relato con el propósito de satisfacer la demanda de motivos de hilaridad de Yaqui a quien de hecho aprecio y estimo sin medida.
                Desde que tengo memoria mi padre, heredero de la casa de don Pushpi (mi abuelo)  tiene  la bendita manía de prestar  la casa con el beneplácito de mi  madre,  a veces por devoción a la Virgen, otras por amistad o por cualquier cosa. Así que los eventos que se han sucedido en el patio de don Pushpi son innumerables, algunas innombrables y tienen la complicidad implícita de mi padre. No sería raro entonces, que esta noche del “Tatzicuy”,  las almas  vuelvan  a recoger sus huellas y pasen  nuevamente por el patio de tantas historias.
                Un tal Nica, negociante de plásticos y trastos,  sin conocimiento mío convenció a mi padre para que le alquilara el patio, que ha hecho durante mucho tiempo de auditorio de Chacas, para ofrecer a la gente falto de espectáculo un concierto de la Chinita Cordillerana. Así que cuando me enteré ya era tarde, pues las arpas, violines, parlantes y cantantes ya desfilaban por el patio. Se acomodaron en una pieza del piso alto y a las siete de la noche ya estaba listo el “auditorio” esperando a los ansiosos admiradores de la Chinita Cordillerana.
                El temeroso y devoto público  iba ingresando como escondiéndose de un censor de su conciencia que estaba oculto en la penumbra de la noche; pagaba  el ticket y ya estaba en el patio esperando el concierto en “do menor”. Nica, como pinche de cocina, andaba atosigado de labor llevando la cerveza, controlando al boletero, haciendo de buen anfitrión con la gente conocida. Ese Nica que un día mientras me ofrecía un vaso de cerveza desencajaba sus novísimos postizos (de dientes) para mostrármelos con orgullo  esa hilera de incisivos, premolares y molares mientras yo haciendo remilgos me sorbía ese trago amargo frente a la dentadura fuera de su maxilar mientras él se ufanaba del poder del dinero; ahora hacia de promotor de otros espectáculos.
                Y  bueno, empezó el concierto con una tira de cantantes de menor rango mientras el oficiante del espectáculo anunciaba: “Y en breeeves momentos la Chiiinita Cooordilleranaaa” y la gente dale con mayor euforia a la botella. En ese plan los mantuvo  en vilo hasta muy pasada la media noche, hasta que algún inspirado llegó a la conclusión que tanta dilación solo hacía sospechar que la tal Chinita Cordillerana era una estafa  en ese concierto. Y como siempre Delmar uno de los más entusiastas admiradores de la artista, para salvar del embrollo al promotor de artistas, Nica, sugirió suplantar a la Chinita Cordillerana con mi hermana que es medio chinita. Pero los ánimos estaban ya caldeados así que el concierto se convirtió en trifulca y el culto público chacasino en turba. Un arpista que escapaba por las escaleras  con su arpa a cuestas fue arrastrado a pagar sus culpas de un solo tirón y su arpa con la estrepitosa caída se hizo añicos. Por los aires volaban micrófonos, arcos de violín y las cantantes resultaron toqueteadas indebidamente. Mientras el responsable de tanto bochinche se había esfumado sin dejar pistas. La gente poco a poco fue calmándose, retirándose y dejando en paz el amplio patio de don Pushpi. Mientras mi padre que aún no tomaba conciencia de los destrozos en la casa, a quien siempre que se embriaga se la da de orador, seguía con un discurso barroco y enrevesado desde el balcón  norte.
                Yo, que para no soportar el infortunio de no poder dormir tuve que plegarme a la juerga, medio empipado aseguré las puertas con los antiguos cerrojos temiendo que algún bochinchero volviera buscando camorra, abrí la puerta y me di con el disgusto de encontrar un cuerpo extraño en mi cama. El despistado beodo había acomodado su rendido medio cuerpo en mi cama y el otro medio cuerpo sesgado entre piso y la cama. Cuando exigí explicaciones al sujeto, que yacía de cúbito ventral, por la transgresión a mi privacidad y último reducto de mi  tranquilidad, el cuerpo seguía inerme. Así que tuve que desalojarlo y trasladar ese despojo del festejo los treinta metros que distan de mi cuarto a la calle, de quien no era sino aquel a quien la imaginación popular ha bautizado como “Wiscu Pablo”.


martes, 25 de octubre de 2011

RELATO DE UN NAUFRAGIO.



He retirado la foto original por reclamo de Gustavo. Es posible que tenga razon al incomodarse por cuanto no le consulté para publicarla; sin embargo no tenia intensión de ofenderlo, ni mucho menos. Además pensé que tenía un poco de correa. En todo caso lo hice solo por creí que el articulo tendría más acogida tratandose de un personaje tan conocido. 


Don Pancho  y Gustavo  (Wapi) eran una dupla de técnicos y pro científicos (y digo "eran" porque el primero es finado lamentablemente) en cuya compañía uno podía disfrutar exquisitamente del trato meticuloso y cuasi profesional de temas como construcción de carreteras, embalses de agua, agrimensura y otros fárragos protocientíficos incompresibles para una mente profana en esos menesteres. Casi siempre  se les veía juntos deliberando cuestiones técnicas ya sea subidos en un volquete, sobre un peñón o a la ribera de un río.  A pesar de la diferencia de edad cuando se trataba de una tarea que beneficiaría al pueblo  se entendían y se enrumbaban en cualquier proyecto.
Don Pancho había trabajado casi toda su vida en la planta flotadora de minerales de Pompey junto a los primeros dueños que eran alemanes. Sin duda de ahí provenían sus conocimientos técnicos respecto a construcciones y cálculos matemáticos. Un ciudadano que siempre puso de manifiesto  su preocupación y compromiso para con el desarrollo de Chacas.
Gustavo, es hijo de uno de los maestros chacasinos más recordados por su habilidad  oratoria y dotes de polemista. Según testimonio de los que conocieron a su padre,  cuando la visita de Belaunde Terry a Chacas allá por la década del sesenta, empañó con su hablar florido el discurso del ex presidente. Gustavo es un pintor caricaturista amateur y un gran investigador cuando quiere y cuando los trajines y menesteres de la casa y del hogar se lo permiten. Y ojalá se lo permitieran a menudo.
En fin, el objetivo de esta nota no es hacer una biografía de estos entrañables personajes de nuestra historia reciente sino referir con aprecio y afecto algunas anécdotas que entre ambos nos han concedido para la posteridad.
Iban Gustavo y Don Pancho sobre el volquete celeste del municipio por la escarpada carretera de la Punta Olimpica conversando muy animadamente sobre  coordenadas y altitudes, cogidos de la carrocería de lata fría cuando intempestivamente  don Pancho disparó una pregunta: “Gustavo, ¿A qué altura estaremos?”. Gustavo que difícilmente se arredra ante los desafíos intelectuales, extendió su mano derecha  de manera horizontal frente a sus ojos y llevándola alineada  hacia el horizonte  respondió: “A la altura de Macuash* don Pancho”.
En otra ocasión cuando Gustavo trabajaba en la construcción de la cámara de carga (reservorio) de agua de la central hidroeléctrica de Jambón, recordando sus días de playa en la Punta (Callao), se encontraba gozando su descanso de mediodía  tirado casi en cueros - pues solo tenía puesto una antigua trusa asegurada con una correa por si las moscas - sobre el canto rodado fumando un cigarro mientras se calentaba, cual lagartija aprovechado al máximo  posible los esquivos rayos del sol de invierno, para darse un chapuzón en el tanque. Cuando se dio cuenta vio, venía un intruso a quebrantar su apacible descanso. Era don Pancho con su característico casco color naranja que venía a curiosear el avance de la obra. Luego del saludo protocolar Gustavo no tuvo otra alternativa que interrumpir su descanso, hacer de guía y conducirlo por el borde del reservorio explicándole al detalle el funcionamiento de cada orificio, conducto, llave y rebose. Estaban en esa, cuando en un descuido de su anfitrión don Pancho hizo un mal movimiento o piso mal y cayó al estanque   con toda su humanidad. Cuando Gustavo volteó solo encontró el casco naranja flotando sobre el agua. En su desesperación, tuvo tiempo de pensar en ajustarse el cinturón que se había puesto para que el agua no le arrabatara la trusa y se zambulló al rescate de don Pancho,  que dicho sea de paso no sabía nadar.  
Con mucho esfuerzo, don Pancho, repuesto del susto intento patalear y con eso consiguió hacer flotar su cabeza lo que facilitó a Gustado ubicarlo. Un par de brazadas y Gustavo que había sido experto nadador en las cálidas playas de nuestro litoral  ya estaba al lado de don Pancho; sin embargo, el peso, el movimiento pesado, y otras peculiaridades  del náufrago no facilitaban el rescate. Después de una titánica tarea pudo conducirlo a la borde de la alberca  y hacerlo trepar mojado y trémulo  de frio. Luego del rescate Gustavo, casi sin fuerzas, con mucho esfuerzo pudo subirse a la ribera  de cemento y cuando se miró solo tenía como prenda la correa marrón alrededor de la cintura, miró con sarcasmo a don Pancho, y lanzó una  carcajada socarrona.
(*) Macuash.- Poblado ubicado al este y a la misma altitud de Chacas .

martes, 18 de octubre de 2011

EL SACRISTAN Y LA MONJA

Cuando vio que su madre ya no se recuperaría y que el día fatal estaba cerca, no tuvo más alternativa que la resignación. Resignación que se manifestó en la decisión de tomar la mortaja bermellón para irse al  pueblo a buscar al cura Corazzola. Este, era uno de esos  curas resueltamente locos e intolerantes que en su redil no permitía otras cofradías que la suya, llegando incluso a perseguir a los evangelistas cual cruzado frenético y arrebatado  tras de los moros impíos. Un día llegó a quemar en plena plaza pública las Biblias  que los infieles y paganos evangelistas invocaban en su mesiánico culto.
Maura había cogido, además de la mortaja  como forma de pago por la bendición de la mortaja, una gallina que tascaba unos granos en el corral. Con la gallina en un sobaco y en el otro la mortaja emprendió  camino hacia Chacas donde moraba en Santo Cura. Luego de vencer la dura cuesta que separaba su casa de Chacas llego al fin a la verde plaza que en ese momento casi podía hacerla pensar que se trataba de la plaza de un pueblo fantasma. Subió camino a la casa del cura, puso la aprisionada gallina  y la mortaja morada sobre el piso, tomo aire y con la esperanza de encontrar al cura tocó la puerta, lo único que respondió fue un largo y sepulcral silencio. El cura no estaba.   
Bajaba hacia a la plaza desalentada cuando de pronto surgió por una puerta azul un rostro de obispillo, a quien consultó sobre la ubicación del cura. Entablose entonces una breve conversación entre ambos resultado del cual fue que Maura ya estaba en la sala de la susodicha vivienda, esperando a la monja del convento de Huari que le había dicho el sacristán que por suerte se encontraba de visita y que tal vez podría bendecir la mortaja.
Mientras, en su dormitorio una robusta y rubicunda mujer cogiendo una sábana blanca    y un tul  negro los adecuaba para  envolver sus robusteces para cumplir como hermana de la Congregación de las Descalzas una bendición a favor de alguien que estaba a punto de encontrase con nuestro señor Jesucristo. En  el caño del patio trasero el autoproclamado sacristán preparaba el agua bendita  en una garrafa pulcramente revestida de oropel por sus bordes, doblaba un paño  blanco y acicalaba algunas flores de cartucho para los  santos oficios que estaban próximos a celebrar entre él y la hermana Indulgencia. En tanto Maura agradecía a Dios,  nuestro salvador, por la suerte de haber encontrado a la monjita para bendición mientras la gallina mancornada  yacía silente con el pico hincado sobre el piso rojo carmín de la sala.
Casi como una ráfaga de aire entró  en la sala la hermana Indulgencia seguida del sacristán, que se había colocado en la cintura un cordón del Señor de los Milagros,  con todos sus utensilios litúrgicos. La hermana Indulgencia con un tono afectadamente extranjero y conminatorio ordenó a la mujer a ponerse de pie y extender entre sus manos la mortaja para proceder a la ceremonia de bendición de la prenda mortuoria. Improvisó un Pater Noster , un  Ave María, gratia plena, unas frases inconexas en latín  solicitó el agua bendita al sacristán que atento  se lo alcanzó. Con la flores de cartucho roció con el agua de la garrafa y nuevamente masculló   unas frases en latín que para los gentiles no está permitido entender y la mortaja estaba ya bendecida; y vengase por aquí la gallina.
Maura se despidió muy agradecida con la firme convicción  que su madre tenía asegurada un boleto a la eternidad en la diestra de nuestro salvador. Entre tanto la monja y sacristán, despojados de su  improvisada indumentaria  se disponían a despellejar la gallina y tomarse un sustancioso caldo a costa de un latín  supuesto.   

martes, 11 de octubre de 2011

AMORES PERROS


Circundando el pequeño pueblo que era Chacas, el Gordo, llevaba a Liz enganchada del brazo cual presa de su  furor amatorio que le nacía de cuando en cuando. La casaca que le había puesto en la cabeza era una exageración que revelaba su obsesión para que no la reconocieran en la oscuridad impenetrable de la noche. Tal vez esa obsesión se justificaba teniendo en cuenta los amigos que tenía. Si por alguna razón del destino se topaba con alguno de ellos y la reconocían, en  la clase y el recreo sería el punto vital de la chacota general. 
Ella casi era remolcada como cuando en la actualidad los policías trasladan casi a rastras a los presos que se esfuerzan por ocultar su identidad mientras la  prensa se regodea. En cada esquina su seboso  raptor se cuidaba, cual espía en plan de escamoteo, de vigilar la presencia humana por las desoladas calles de Chacas. Cuadra a cuadra fueron avanzando atravesando la noche oscura hasta llegar a la puerta desvencijada que a duras penas se sostenía y al abrirse o cerrarse hacia un ruido  imposible de encubrir. Tuvo que cargarla para que sus pasos aparentaran el paso de una sola persona y su madre no notara la presencia de quien había sido raptada voluntariamente.
Al fin ya estaban en el dormitorio y se acomodaron sin hacer ruido ni luz, encontraron al tacto la cama, el bacín debajo de la cama, el antiguo tocadiscos cuya antena la rompió Ucush o tal vez Curu en una borrachera que Francesco no quería recordar. La puerta apolillada dejó oculto lo que pasó; tal vez se dijeron palabras bonitas, versos breves de adolescentes, solo lo saben el Gordo y Liz, raptor y raptada. Pero, la noche que fue breve para ambos se estaba terminado y un rayo de luz azulina ingreso por el orificio que siempre tienen las tapias y los despertó quien sabe muy tarde. Se apresuraron por rehacer la cama y salir hasta la puerta para despedirse. El Gordo despidió  a la moza,  en la que quien ya se insinuaba una ligera carnosidad, con un beso en la frente y un fugaz arrumaco.
Cuando hubo vuelto al cuarto, Francis se dio una siesta mientras esperaba el dulce toque de campana de colegio.  Mientras tanto su madre se puso en pie y empezó el trabajo cotidiano de preparar el desayuno para los bellacos  que eran sus hijos. Cuando entró a la cocina  como un pantallazo estaba al frente suyo el vacío de  los dos jamones que los había cuidado con esmero, pues no estaban en su sitio. Partes de ellos yacían en el piso descarnados por un hocico carnívoro y  voraz. Inmediatamente provocó un alboroto, peculiar en ella,  lanzó acusaciones a diestra y siniestra, acusaciones que fueron inmediatamente refutadas por Néstor, el hijo menor, con el contundente argumento que en la noche había visto en la pared al perro blanco  de la señora Perpetua, madre de Liz,  merodeando  la casa. Frente a un argumento tan contundente, el Gordo, no tuvo otra respuesta sino sonrojarse, con lo que admitía implícitamente que el can de su amada había caído débil frente a la tentación de la carne convirtiéndose así en su delator.         

martes, 4 de octubre de 2011

CASTIGO DE SAN MIGUEL ARCANGEL

               
              El tío de la joven con mucho esfuerzo acarreo sus trastos de calichero a Chinchurajra. Como todos los años quería aprovechar la concurrencia de los fieles de San Miguel Arcángel abogado de los proscritos  del bien para procurarse algún dinero con la venta de emolientes y caliches en esas fiestas de rostros esquivos que convoca el Santo Arcángel vencedor del demonio. Había dejado a su joven sobrina en la casa de Uchcu Rumi confiado en la  decencia de la muchacha.  Sin embargo, una ínfima sospecha de que la joven no era tal, le corroía la mente y le empujaba a retornar inopinadamente para corroborar su confianza de la virtud de la joven y despejar por siempre sus dudas.  
                Mientras el calichero Kuki sufría las consecuencias de sus cavilaciones, en su casa un bulto rollizo traspasaba la puerta con mucha cautela para evitar cualquier ruido, mientras la joven Mery lo esperaba con ansias en su aposento. Era el gordo Francesco que como todas las noches que el calichero salía a ganarse  el pan de pada día,  él ingresaba a la casa a ganarse los favores de la joven Mery.  Apenas ingresó al dormitorio se dispersó toda su gordura para acariciar la suave y tersa piel de Mery. Estaban retozando  como dos niños desplegando toda su inocencia sobre las sabanas de bayeta cuando de pronto escucharon que alguien desataba la aldaba que con tanto afán había logrado asegurar el gordo. El extraño visitante no era sino Kuki el calichero que volvía de Chinchurajra sólo con la intensión de comprobar la virtud de la niña. Le había costado esfuerzo caminar el largo camino pedregoso y lodoso que separaba Chinchurajra de Chacas en plena oscuridad;  pero, ahí estaba como buen tío cuidando la honra y dignidad de la joven sobrina.
                Paso la puerta e ingresó  al dormitorio de su joven sobrina con una vela en la mano. Apenas sus ojos se acostumbraron a la tenue luz que irradiaba la vela pudo ver a su sobrina en cueros  y junto a ella un bulto cubierto con la frazada. ¡Pita¡ caraju¡, ¡Pita caraju¡* gritaba furibundo mientras el bulto se movilizaba como un fantasma en la penumbra. Lo que intentaba Francesco era recuperar sus prendas que estaban debajo de la cama y  así lo hizo mientras recibía correazos por sobre la frazada que cubría su identidad. Luego con la mayor sangre fría posible espero que el tío se descuidara para emprender huida siempre tratando de encubrir su identidad con la frazada.   No bien observó que el tío dedicaba sus golpes a la pobre joven aprovechó para escabullirse a todo correr. Cuando llegó a la puerta calculó que descalzo como estaba por el camino pedregoso el tío lo alcanzaría, así que se escondió tras el muro junto a la puerta y esperó. Tal como había previsto apareció raudamente Kuki y cuando lo tuvo a su alcance lo empujó por la pendiente por entre los rayanes que habían frente a la puerta y con el bollo de ropa en los brazos reemprendió la huida a su casa que estaba dos cuadras. Se metió a su casa y no tuvo que desvestirse para meterse a la cama. Apenas se había introducido en la cama unos desaforados golpes despertaron a todos en la casa. Era Kuki que golpeaba la puerta y que de alguna manera había reconocido al gordo bribón que le había hecho comprender que el mundo no lo que uno piensa que es.
                La mamá del gordo salió al balcón a responder las bravuconerías del tío deshonrado que desde el piso con el puño amenazante acusaba a su hijo de haberse introducido a su casa y deshonrado a su sobrina.   Para responder a la acusación la mamá entro al cuarto y trato de despertarlo pero el gordo estaba profundamente apresado en los brazos de Morfeo. La mamá salió nuevamente al balcón a refutar la descabellada acusación del calichero que como un pichín seguía vociferando en la calle.
                Dice que el diablo hace la olla pero no la tapa, así que siembre las picardías se descubren. Cuando al día siguiente el gordo retornaba del colegio lo espera el Sargento para manifestarle con su voz de lija y a boca de jarro delante de sus compañeros: “Chito, ¡cuando vas a recoger tus calzoncillos del puesto¡”
*Pita.- expresión quechua para preguntar ¡Quién es¡

martes, 27 de septiembre de 2011

CHILCANO AL ESTILO DEL PUERTO DE ACOCHACA

Pomallucay, septiembre 25
Un mediodía soleado un enjuto cuerpo bajaba por la ligera pendiente que los chacasinos llamamos “Mamita Jamanán” (donde la Virgen descansó). Era el Flaco que volvía a Acochaca luego  de dominguear. Iba como cudandose del viento que amenazaba elevar por los aires su ligero cuerpo, presuroso después de haberse encontrado con la divina ensoñación de su vida. Aun en sus labios sentía el sabor anodino y grasoso de la pintura de labios que la muchacha estaba aprendiendo a usar para encandilarlo. Aun cuando la muchacha había sido el primer amor de casi todos, él llevaba en el pecho la enseña del amor  correspondido y sus pies con su ligereza traducían su alegría.
El camino de Chacas a Acochaca cada domingo era como el día en el que Jesús  se perdió  junto a sus padres  cuando retornaba después de la Pascua. El camino colmado  de caminantes era una especie de caravana de nómades que bajaban comentando los sucesos del día, el sermón del cura y nimiedades  por doquier. Claro aún no existían  las combis;  la gaseosa y la cerveza era un lujo y las polladas aún no habían sido inventadas.  Así que la gente tenía que resignarse a caminar, refrescarse con un potito de chicha y paliar el hambre con una “medida” de chocho.
El Flaco iba con un puñado de chocho en el estómago que incrementaba su sensación de vacío y con un hambre que pensaba saciar apenas pudiera llegar a casa que siempre le daba la bienvenida con la fragancia de los naranjos del huerto. Cuando pasó Chucpín el camino se le hizo más pesado, pues, las partes planas del camino dan la impresión que el camino se hiciera más largo. Por fin se acercaba al último tramo para aguaitar Upacasha y no bien coronó la cumbrecita que lo ocultaba cuando vio a la Gringa en la puerta de su casa. Le dio la impresión que lo esperaba  y  por eso empezó a hacer más lentos sus pasos con la esperanza que se introdujera en su casa. Pero la Gringa permaneció inmóvil  en la puerta hasta que llegó.
La Gringa era la única gringa que existía en estos lares y de veras que era gringa. Tenía los cabellos rubios y junto con su restaurante “La flor de Chacas” fue la novedad por un largo tiempo en Chacas.  La instalación de su restaurante, como ella dice aun, arruinó el negocio de los restaurantes más prestigiados de esos tiempos. El pomo de agua oxigenada había hecho lo que los genes le habían negado. Con su cabello rubio y el rostro que ocultaba su verdadero color detrás de los polvos  caminaba con donaire por las calles de Chacas mientras la población mojigata siseaba sus críticas y remilgos a media puerta.
El Flaco tuvo que llegar inexcusablemente a la puerta donde la Gringa lo esperaba y casi como exhalando  su último aliento le saludó: Buenas Tardes Señora. La Gringa muy amable le correspondió el saludo: Buenos tardes joven Rosario. Joven Rosario pase a tomar un chilcano. El temor del Flaco se trasformó en regocijo. Pasó al vetusto comedor cuyas paredes desconchadas daban la impresión que se desplomarían en cualquier instante. La mesa cubierta con un plástico floreado  donde se colocó era un hormiguero de moscas; pero, igual esperó con paciencia el Chilcano en ese restaurante emblemático de las afueras del puerto.
La Gringa en la cocina abrió una lata de sardinas “Carabela” y la vertió en la sopa de “Ancay”* que hervía en el fogón. Revolviendo el “atún” en la sopa lo sirvió en un plato y humeante se lo ofreció al joven romanticón que cortejaba a su hija.   El flaco agradeciendo la gentileza de la virtual suegra tuvo que engullirse sorbo a sorbo esa sopa marina bajo la férrea vigilancia de la Gringa, su suegra.

* Ancay .- Sopa tradicional de harina de trigo tostado.

lunes, 12 de septiembre de 2011

SIRENA ENCANTADORA…

Cerro Condor Senga - Acochaca
Articulo publicado en la revista
"Puente" del Circulo Social Acochaca.
Las fiestas nocturnas en el “Puerto” eran muy concurridas por muchas razones. Una era el clima un poco menos frío que el de Chacas lo que generaba en uno una especie de temperamento un poco calenturiento que luego se podía mitigar, no recuerdo bien, si con una jarra de chicha o unos vasos de cerveza, pero liquido al fin. Otra eran las lindas chicas que siempre  abundaban en eso confines del “astillero” de Acochaca y que se veían más lindas aun entonadas por la brisa  de la orilla fría del río.
                            Incitado por una bella “deidad” o como dice la canción por una sirena encantadora y a riesgo de recibir una reverenda garrotera me escabullí de mi casa de Chacas para emprender, en una noche de luna casi llena, una evasión, una huida del férreo control de mi padre para asistir a una de estas fiestas que en el “litoral” se celebraban. Había flechado mi sensible corazón los dulces encantos de una prima que vivía en el “puerto”. Acompañado de dos compinches voluntariosos que me ayudado a bajar por el poste junto a mi casa, ya estaba en la fiesta bien peinadito con la gomina llena de polvo levantado del camino.
                            La música suena más diáfana, el baile se torna mágico y como un sortilegio incompresible entras en la cuenta que sostienes las manos tersas de quien hasta hace un rato era casi inalcanzable. Pues, después de unos vasos del elemental líquido dorado casi todo aquello que  veías como una nube lejana se va haciendo cercano y real.    En efecto, ya estaba bailando con la linda prima, susurrándole palabras dulces en su aterciopelado pabellón auricular. Bueno, la fiesta duró hasta muy  temprano, es decir; hasta la cinco de la mañana del día siguiente o tal vez cuatro no recuerdo bien. Lo que si recuerdo bien es que dormí o pretendí dormir en la casa de  la prima y por ende de la tía.  No vaya Ud. A pensar lo que me estoy imaginando que está pensando, nones, solo pasé lo que restaba de la noche como huésped en la casa de mi tía.
                            No bien puse mi atormentada cabeza en almohada, pensado darle sosiego aunque sea por unos momentos,  alguien empezó a caminar y hablar consigo mismo como buscando algo. Después de algunos minutos tal vez, media hora, encontró lo que buscaba. Era un burro que se había subido a una especie de altillo que coronaba unas escaleras de piedra. La aurora se insinuaba en el horizonte y el dueño del jumento trepador insistía en su intento de hacer bajar con un griterío que despertó a todo el vecindario.
                            Tuve que suspender mi sueño y mi pereza para integrarme a la tropa de jaladores  que con  intensión de la bajar al burro que como oponiéndose a abandonar la posición elevada que había conseguido durante la noche se resistía en el segundo piso junto al horno, mientras nosotros jalábamos la hirsuta soga. Después de mucho esfuerzo el gris jumento fue bajando peldaño a peldaño tras cada estirada de reata que por ratos me hacía sospechar que se rompería. El burrito ya en el patio recibió una palmada compresiva de su amo y luego de cargarlo de la molienda se marcho dejándonos incuestionablemente despiertos.
                            Ya no teniendo ningún argumento para seguir quedándome, intente despedirme y fui compelido a desayunar por mi tía siempre generosa, que luego de un ligero ajetreo me sirvió un fuerte café con un plato de papas y huevos fritos. Qué más podía pedir luego de una jornada imprevista sino ese desayuno reparador. Luego de la despedida, con el cuerpo maltrecho y el corazón henchido de nostalgia emprendí el retorno  a Chacas  quien sabe a recibir una paliza.
                            Quería hacer este introito narrativo para a partir de él hacer notar que Acochaca, puerto del caminante sediento, siempre tuvo (tal vez  tenga todavía) personas con una característica  particular: esperar al sediento caminante con la espumosa chicha, alcanzar al  hambriento viajero un humeante choclo y al friolento anochecido ofrecerle un rincón en el patio y una manta para abrigarse. 
                            Con este modesto relato rindo homenaje a la Sra. Lucinda Vizcarra, a mis tías Berta Oliveros, Octavia Castro y otras mujeres que como ellas hicieron de Acochaca un   lugar en el que con toda seguridad no quedarías desamparado. Y rendir homenaje a la gente es rendir homenaje al pueblo que lo cobija.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

DE JOYERO A POETA

Plaza de Acochaca
En recuerdo de  la tía Elena Amez López, mujer generosa y hospitalaria.
Tras la tapia estaban los naranjos y limoneros que a pesar del muro  regaban su fragancia por el camino que los circundaba. No podríamos entrar, el muro era demasiado alto y sobre todo el miedo a que nos descubrieran robando  las jugosas naranjas nos detuvo de nuestro intento. Así que nos dirigimos al remanso  que en el frío río en esa tarde soleada, pensábamos, nos refrescaría.
Como oasis en el desierto,  cual aparición sorpresiva  ahí en medio del remanso bañabanse tres preciosas chiquillas que no entendían  su inocencia y protuberancias que recién se insinuaban detrás de unos trapos que por primera vez veíamos en el cuerpo de una mujer. El sonrojo se encendió en nuestros rostros y en el de ellas, sin embargo, más fue la emoción de ver por poco desnudas a las lindas nietas  de la dueña de la huerta que hace momentos pretendimos asaltar.
Tuma era como un “balneario” apartado del “puerto” de Acochaca. Un lugar paradisiaco lleno de huertos cuyos frutos con sus aromas y colores atractivos aguaitaban por sobre los muros como tentando a los viajeros a transgredir el séptimo mandamiento. Habían jugosas naranjas, fragantes limas, barrigones pacaes, y blandas paltas. Junto a los huertos en un  recodo del rio el agua calma invitaba también a los viajeros a darse un chapuzón en las soleadas tardes que a veces la equivocación del tiempo nos regalaba. Eran épocas de carnaval, entonces, relajados los temores y vergüenzas empezamos a jugar  arrojándonos agua lodosa de las riberas del río, o más precisamente a embadurnarnos entre sí tratando de no ser obscenos  en el contacto con  el ligero cuerpo de las chicas. Jugamos hasta muy entrada la tarde, retozando en el frígido río hasta que nuestros cuerpos entumecidos ya no resistían el agua mientras el sol se ocultaba por sobre el cerro dejándonos una vaga sensación de tristeza. 
Vestidos ya,  luego de una ligera ablución en el mismo río  en que nos habíamos embarrado nos disponíamos a retornar a Chacas; cuando una de las chiquillas nos invitó a coger los deliciosos frutos del huerto que las tapias nos habían prohibido ingresar. Sin premura, aun cuando la noche se avecinaba, empezamos a depositar las limas, naranjas y paltas por maduran en los morrales hechos de nuestras chompas, mientras la abuela complaciente observaba el virtual saqueo de su huerto. Si hubiéramos sabido que el camino más fácil al huerto era por el río y las chicas no hubiéramos perdido el tiempo intentando trepar las infranqueables tapias del huerto.
A partir de esos carnavales nuestra amistad con las chicas se aproximó y más precisamente el bicho del amor empezó a rondar y pronto a cosquillear nuestra piel. Luego, ya no sería el huerto el escenario de los juegos, sino la iglesia el escondite y el rezo el argumento perfecto para sufrir la vida junto a las chicas, y sobre todo una, quien para acallar las cuitas de mi desafortunado corazón me ponía una sortija “consuelo” cada noche en el anular izquierdo después del Ave María. Tanta era mi angustia que prácticamente me estaba convirtiendo en joyero porque me había hecho custodio de cuanta sortija me daba como rezo había y que tintineaban en mi bolsillo como proclamando mi desconsuelo. Pero el amor por ella era estacional y llegaba solo con los carnavales, pues  ella y sus primas  visitaban a su abuela del huerto y sus padres en Chacas solo en tiempos de vacaciones. Alborotando  almas y corazones partían nuevamente cuando el invierno estaba empezando a menguar. Y por ahí surgía el rumor de una carta encargada que estaba destinada a mí, en alguien que nunca llegaba a entregar y yo ensayando  contestaciones en forma de versos presurosamente hilvanados. Pasaba el invierno, pasaba la fiesta de agosto y de nuevo las sortijas y de nuevo las cartas que nunca llegaban y los versos que nadie leía.   

jueves, 25 de agosto de 2011

CHACAS FIESTA, GANANCIAS Y PÉRDIDAS.

Chacas después de la fiesta

                Todo acto humano colectivo tiende a mutar sea este por influencias externas como la moda, el mercantilismo o por la influencia de los que migran de un lugar a otro. Es natural que así sea; sin embargo, la autenticidad y calidad genuina de la práctica de nuestras tradiciones es nuestro capital, nuestra fuente de originalidad que nos permitirá atraer turistas a nuestro querido Chacas. Dentro de esa lógica de pensamiento quiero hacer una especie de balance de las ganancias y pérdidas de nuestra  fiesta patronal.

                Lo que ha ganado nuestra fiesta es en concurrencia tanto de visitantes estrictamente chacasinos como de otros amigos que por parentesco o amistad se han hecho adictos a la fiesta de “Mama Ashu” y otros pocos  por devoción. Y me parece bien porque esto genera ingresos económicos y ejerce un efecto espiral para el crecimiento del turismo.
                Otro aspecto en el que ganado nuestra fiesta es trascendencia esto gracias a la difusión a través de los medios tecnológicos y en parte a lo referido anteriormente; y obviamente a las facilidades de trasporte que en los últimos años se han mejorado y será mucho más accesible aun con la nueva vía asfaltada.
                Sin duda lo que venimos perdiendo tal vez sea más de lo que hemos ganado y eso realmente debe convocar en todos chacasinos, visitantes, autoridades un proceso de reflexión y rectificación.

                Hemos perdido en el orden. Desde la práctica misma de las festividades. Recuerdo que la fiesta siempre se festejó teniendo como marco el Rompe Calle, La víspera del día central, en día central, aniversario del colegio, la carrera a las cintas y las dos corridas de toros. Y todos estos días se festejaban teniendo en cuenta la participación de todos los niños, adultos, ancianos, cuidando el aspecto de la moral, la tranquilidad y sobre todo el recogimiento. Sin embargo se vienen introduciendo aun serie de elementos aun cuando podrían ser admisibles como efecto de la influencia de los nuevos chacasinos, por su connotación desbordante en el tiempo, el ruido y sobre todo porque desnaturalizan una festividad religiosa necesitan una regulación.
                No me parece justo ni ético que con el argumento de celebrar una fiesta religiosa patronal se exponga a los niños, incluso los adultos,  a una suerte liberalismo a ultranza donde sinónimo de diversión y devoción son la misma cosa y cualquier cosa. Creo que todos de alguna forma nos hemos excedido con creces para vivir la fiesta con “intensidad”, pero creo que, ahora con la cabeza serena debemos poner límites a ciertos desenfrenos en bien de nuestra tan cacareada tradición.
                Si modernidad significa  que un truhán le ponga la cinta robada del cordel al cuello del caballo (cinta que fue regalada con cariño al capitán por una linda chica) me quedo con la tradición. Si innovación significa que un  sujeto venga a fomentar un griterío descomunal  como un macho cabrío pretendiendo cantar hasta la madrugada sin dejar dormir a los verdaderos devotos de “Mama Ashu” me quedo con la Banda hasta una hora razonable. Si quiero gozar hasta el extremo busco que mi gozo no afecte la tranquilidad de los otros.   Chacas este año, como sugiere Raúl Reyes en un comentario a través del Facebook mas parecía un chichodromo que un fiesta a “Mama Ashu”.
               
               
               

miércoles, 24 de agosto de 2011

UNA BOTELLA DE RON EN TAYANCOCHA





Quien ama, sufre; quien sufre, lucha; quien lucha, vence.

Las secuelas de la fiesta pueden manifestarse de diversos modos tal vez con un insomnio, sueños alterados por sacudidas esporádicas (lo que en quechua llamamos “utukyay”), nostalgia por alguien,  por la lejana tierra o la Virgen “Mama Ashu”; a quienes ahora se invoca en Facebook. En tiempos idos se sufría e invocaba en secreto en una especie de comunión con el silencio y la discreción que son atributos de Dios.
Sucede, como siempre después de la fiesta, que estábamos intoxicados de alcohol, ruido y desorden y como una forma de desintoxicación cinco casi amigos planeamos desestresarnos producto del desenfreno de la fiesta. Todos residentes en Lima, excepto yo, alquilaron sus caballitos cada uno más mostrenco que el otro, pero igual  nos conducirían a los altas quebradas de Tayancocha. Cada uno llevaba  sus pertrechos en alforjas y en ellas habían viandas desde un jamón hasta una bolsitas de cancha salada; pero, eso sí estaba  prohibido cualquier tipo de licor. Claro después de tanta borrachera mostrarle algo de licor a un resaqueado de una semana de borrachera era como mostrarle la soga al ahorcado.
Cual viajeros de tiempos remotos emprendimos el  viaje pretendidamente  purificador. No hay como después de un periodo intenso de prevaricación  que disfrutar de la naturaleza, de su paz, su quietud y tranquilidad. Sin cohetes estrepitosos, sin beodos inoportunos, sin el retumbar de los bombos y las latas de las orquesta y bandas que te revientan la paciencia, la vida se configura casi la perfección.
El primer trance que tuvimos que lidiar para llegar a la bella laguna a la que mi frágil memoria nos guiaba, fue cruzar un tramo pantanoso en el que el caballo de Arturo se enfangó casi hasta desaparecer. Solo la fuerza hercúlea de nuestro paquidérmico primo Tato pudo rescatar al pobre rocín que salió del fango como un asustadizo ratón del agua. Recuperados del susto reemprendimos el viaje con destino a la laguna azul. No habría pasado media hora cuando Maricela, experta en amansar blancas cumbres; pero, obviamente no toros, se adentró entre los matorrales para hacer pis. Inmediatamente una vaca con una inusual ligereza  se le acercó, hecho frente al cual Maricela con el pantalón a medio izar corrió despavorida exclamando: “Waca, waca,….” creyendo que la vaca venía con ganas de envestir. Solo era una esmirriada vaca que buscaba salada recordando tal vez las esporádicas visitas de su dueño. El siguiente episodio me tomó como protagonista; pues en un tramo escarpado de la ruta mi caballo se encabritó y cayó de espaldas sobre un pequeño cañón que la erosión de lluvia había formado, quedando atracado pataleando mientras yo aferrado a la montura  entre piso y el caballo pedía auxilio. Nuevamente Tato en esta circunstancia fue el protagonista del salvataje.
Más arriba, como no conocíamos el camino, nos introdujimos por una senda regada de matorrales y quenuales medianos que a duras penas, agachados sobre los brutos  y rasando las ramas pudimos seguir la ruta. En ese  apuro es que la casaca de Arturo se enganchó probablemente de una zarzamora y prácticamente se desplumó expulsando por los aires las plumas de ganso de su casaca amarilla pareciendo un alboroto de gallinero.
Pasado el incidente, la laguna que mi memoria recordaba haber visto en el lugar al que llegamos no estaba. Ensayé varias explicaciones a los viajeros; pero. no pudieron convencer de que no les estaba mintiendo. Como ya iba anocheciendo tuvimos que extender la carpa diseñada para dos personas e introducirnos los cinco para evitar el frio y mitigar el cansancio. Después de instalarnos e ingiriendo una frugal cena nos dispusimos a dormir en el estrecho cobertor cada uno dentro de su bolsa de dormir. Tato sacó de su mochila, como de una caja de Pandora, una botella de Ron Cartavio y nos invitó a compartirlo; invitación al que casi al unísono nos negamos. A tanta insistencia negada se tragó sorbo a sorbo íntegramente el ron. No se imaginan lo grotesco que resulto dicha aventura de compartir con un ebrio (“umbriaco” para el gusto de amigo Uruchi) una carpa diseñada para dos y  evitar que éste fomente  un tocamiento  indebido a las damas que dormían el sueño de los justos.
Cuando amaneció, con un resaqueado a bordo, el día estaba peor que el ánimo de mala noche de todos nosotros; así que emprendimos el dulce retorno como dijera Julio César luego de derrotar al rey del Ponto: “Veni, vidi, vici”.