miércoles, 8 de noviembre de 2017

¿HISTORIA DE AMOR?


Tú no eres tus personajes pero tus personajes si son tú  .- Raymond Carver.

Ríchar no me puedes hacer esto. Pausa.  Mira, ahorita me voy a tu trabajo y me lo dices en mi cara. Pausa. ¿O sea, tú te acuestas conmigo luego me llamas y así nomás me dices que terminamos? Pausa. Mira Ríchar yo no tengo mujeres como tú, mis amigas lo saben. Pausa larga.  No, ahorita mismo voy a tu trabajo y tienes que decirme que terminamos, me lo dices en mi cara. Pausa. ¿Tú sabes cómo me siento en este instante? Pausa. 
Susana intenta contener las lágrimas sentada en el último asiento del bus que la traslada. Ahora ni ella sabe adónde va.  Es joven, ligeramente abultada de carnes, envuelta en una chaqueta negra que disimula su incipiente robustez. Tiene la mirada desubicada de quienes han perdido el sentido y la razón de vivir. No entiende cómo un par de palabras pueden destruir una ilusión. Quiere bajarse del bus, pero, luego cae en la cuenta que el curso de su historia no cambiará por que se baje del bus. Mientras, una bebé a quien su madre intenta calmarla llora en el asiento del lado. Entonces piensa que la vida es así; todos tienen una razón para llorar, puede que la razón de la bebé sea más esencial que la de ella.
Ese ambiente gris de la gran urbe intensifica por momentos su pesadumbre, recuerda por instantes cada momento feliz que ha vivido por capítulos discontinuos con Ríchar. Cada gesto de ternura que le ha entregado, cada tarde robada a la vida para aislarse en ese cuartucho de hotel donde han retozado con pasión; para luego bajar al mundo real por esa estrecha escalera con la cabellera a medio secar que ondeaba ante el ligero aire y que tanto le gustaba a Ríchar; hace que la tarde en ese viejo bus sea más insoportable.
Mientras recuerda los pocos momentos felices que ha tenido al lado de quien ahora no es sino una evocación de frustración, el tráfico se detiene interminable y en la radio un sujeto cacarea sobre el semidiós   en que se ha convertido el bendito Paolo Guerrero. Piensa, ¿tanto rollo sobre un tema cuando uno está con un paso a la inmolación?. Hay un tipo en el asiento delantero que le da la impresión   que ha escuchado su conversación con Ríchar y ahora sospecha que anda siguiendo sus pensamientos. Tiene la tentación de reclamarle; pero, total que mierda.
Abre su teléfono, entra al Facebook. Está harta de los laiks por cada estupidez que publica la gente, como si el mundo fuera un nido de rosas perfumadas. Mirar a la Rosa con su cara de estúpida alentando a la selección peruana cuando, ella, se está muriendo de desamor. Aunque, claro, cada loco con su tema. Pero, Susana nuevamente vuelve sobre el Ríchar y su cobardía de terminar por teléfono; peor aun cuando está sentada en este viejo micro, con un tráfico para morirse y junto a una bebé que berrea como una endemoniada. Llamarla para terminar en esas circunstancias ha sido una doble crueldad.
Por un instante su vida le parece como las vidas de los personajes de los cuentos que le ha dado Raquel de ese tal Carver, vidas que son demasiadas irrelevantes como para estar escritas. En otro momento piensa que tal vez solo es la imaginación de alguien que en sus momentos de ocio la está imaginando para cumplir con esa bendita obsesión de escribir vidas paralelas. Entonces cae en la cuenta de ese riesgo y decide bajarse del bus antes de convertirse en un personaje de algún cuento.    Intempestivamente se incorpora del asiento y exclama: ¡Bajo en jábich! Recién, ese rostro que ha estado oculto detrás del que sospechaba que lo escuchaba muestra con claridad su dimensión, baja del bus y se pierde entre el gentío, el ruido y el humo.

miércoles, 25 de octubre de 2017

RESEÑA DE UN ANHELO TANTAS VECES POSTERGADO

(Artículo escrito para la revista El Pregonero - 2017 que por falta de espacio no Fue publicado).





Amauta Atusparia: infraestructura que podríamos haber inaugurado para celebrar las “Bodas de Oro”.
“La individualidad, concebida como un desarrollo temporal implica incertidumbre, indeterminación o contingencia. La individualidad es la fuente de todo lo que es impredecible en el mundo”, decía John Dewey. Si eso ocurre con el desarrollo de la individualidad imaginémonos que sucede con el desarrollo colectivo; es decir con el desarrollo de nuestra sociedad.
Empiezo esta nota citando a este extraordinario filósofo norteamericano para poner en contexto, lo que viene sucediendo con un deseo, una aspiración y reto que nos planteamos como comunidad educativa, me refiero a la Comunidad Educativa Atusparina, para mejorar el servicio educativo desde la perspectiva de la mejora de la infraestructura educativa y de cuan impredecible pueden ser el hecho de conseguir nuestros objetivos como colectivo.
Como es de conocimiento de cualquier chacasino medianamente informado, allá por los años 2008 y 2009 nos planteamos como objetivo mejorar los servicios educativos de nuestra institución, objetivo que fuera planteado como objetivo institucional, lo que obviamente implica la participación de toda la comunidad; es decir padres, profesores, trabajadores en general y estudiantes.  Se logró en aquella ocasión reunir una cantidad de dinero a través de aportes y donaciones; y mandar elaborar el perfil de inversión pública por un monto de 5 000 soles, expediente que fue elaborado por la empresa del amigo y ex alumno atusparino José Ayala Falcón, un precio simbólico que solo cubrió, entiendo, los honorarios de sus técnicos.  
Con el expediente elaborado y presentado al GR de Ancash pensamos, en nuestra ingenuidad, que la obra la tendríamos concretada el año siguiente de presentado el perfil; es decir, el año 2010. Pero, como entenderán en este país, reino de lo impredecible, no sucedió como pensábamos, y tuvimos que esperar que ese perfil modificado por temas de costos y diseño fuera viabilizado recién el 2013. En esta tarea, de gestionar la aprobación de la pre inversión, hay una serie de esfuerzos y sacrificios de parte de toda la comunidad educativa que es necesario poner en relieve, como dije líneas arriba; no obstante, es necesario destacar la intervención gravitante del entonces consejero regional por nuestra provincia Wilfredo Ramírez Padilla. Ese año, 2013, gracias nuevamente a las gestiones del consejero en el mes de diciembre, 30 de diciembre como el aniversario de nuestra provincia, se da la adjudicación de la obra por un monto de 3,618,915.94; sin embargo, el tiempo no alcanza para que el empresario y el GR de Ancash firmen el contrato durante esa gestión que finalizaba el 31 de diciembre.
El año 2014, la nueva agrupación política ganadora de las elecciones regionales, Puro Ancash, encabezado por el Sr. Waldo Ríos, inicia a gestionar el Gobierno Regional de Ancash; sin embargo, este, no puede asumir la presidencia por temas legales, siendo investido su vicegobernador, Enrique Vargas, como eventual Gobernador Regional. El Sr. Vargas aconsejado por su asesor legal, se trae abajo 18 procesos de selección con adjudicación otorgada, entre ellos el nuestro, con el argumento de que existían inconsistencias legales en los procedimientos. Luego de idas y contra marchas, de convocatorias desiertas, y de una larga espera para activar la viabilidad que ya había vencido y gracias al aporte del actual alcalde provincial Elias Quiroz Aguirre y consejero regional Eduardo Bello Maquin, se logró que el GR de Ancash y el Consorcio Atusparia firmaran finalmente el contrato de construcción el 18 de agosto de 2016. 
Finalmente, recién en el mes de enero de 2017 se inician los trabajos de construcción de la obra con una serie de dificultades producto de la inestabilidad política en el Gobierno Regional de Ancash y problemas inherentes a la informalidad y la cultura “chicha” que cunde en nuestro país, incluso en las empresas de diverso tipo.  Hubiéramos esperado que la obra pudiera ser inaugurada el 16 de agosto fecha en que celebramos nuestro aniversario institucional; sin embargo, veo que tendremos que posponer nuestro deseo de ver concretada la obra para unas semanas luego.
A la postre quiero hacer una digresión a partir de mi experiencia de por lo menos por tramos haber encabezado esta aspiración y deseo tantas veces evocadas líneas arriba, sobre aquellos “guerreros” que surgen al final de las batallas. Pienso que en Chacas y supongo en nuestro país estamos construyendo una cultura de la sospecha, cuya lógica es el pensamiento de que “nadie es honesto excepto uno”, “nadie es capaz excepto uno”. Lo cual es realmente enternecedor y denota un complejo que los psicólogos han denominado “Complejo de Adán” que no es otra cosa que inmadurez.  Esa ansiedad que las cosas salgan mal para luego culpar a los otros, o que solo salgan mal para disfrutar del fracaso ajeno.  Pero, aun dentro de lo impredecible podemos predecir que para los que tenemos optimismo y para fortuna nuestra, la aspiración insana de felizmente pocos no tendrá espacio en esta historia. A nombre de nuestros estudiantes nuestro agradecimiento a los profesores, padres, autoridades y funcionarios del GR de Áncash que desplegaron su esfuerzo para que este sueño tantas veces soñado pueda, en poco, hacerse realidad.

viernes, 28 de julio de 2017

EL HIJO DEL SACRISTAN


“Y es que cuando uno sacude el cajón de los recuerdos, son los recuerdos los que terminan sacudiéndolo a uno” .- Andrés Castuera  Miche.
Desafiando la gravedad, un muchacho cuelga de la soga de la vieja y cuarteada campana, que a su vez cuelga de un pescante que sale de la torre a medio derruir. El muchacho completa un péndulo que se ha formado entre el badajo, la soga y él, que se mueve de un lado para otro en su afán de hacer tañer la campana y divertirse. Es el hijo del sacristán que todas las noches puntualmente llega al pórtico de la iglesia para cumplir lo que debiera cumplir su padre, el sacristán, tocar la campana a tiempo para el rezo de la Virgen Patrona del pueblo. El muchacho debe esperar todas las noches a que todos los feligreses devotos y viejas beatas desocupen la iglesia para entornar las pesadas y casi desvencijadas puertas de la iglesia, y asegurarlas para garantizar que las alhajas de la Virgen Patrona estén a buen recaudo.
Mientras espera que la beatería concluya su oficio de orar con la finalidad de derrotar el afán demoníaco en la vida de las personas, el joven hijo del sacristán acomete una serie de lances junto a sus amigos en su avidez de distraerse. Así, corretea descalzo sobre el verde manto que cubre la inmensa plaza frente a la iglesia intentando alcanzar a los quiméricos rufianes que con sus amigos ha ideado, para hacer él, el papel de policía. En alguna ocasión se ha defecado en el calzado de alguno de sus compañeros mientras arriba una luna llena alumbra a los chicos que distraídos corretean persiguiendo a los trúhanes que han ideado. La victima de sus apuros excrementicios solo se dará cuenta del agravio cuando se calce el zapato con un relleno de mierda.
Un día, subido en el andamio, que los obreros han instalado para reparar el atrio de la iglesia, a diez metros que lo distancia del suelo hace el amago de lanzarse generando zozobra entre los concurrentes que se han reunido para ver la función de gala de un número acrobático nunca visto en Chacas. Encaramado entre las tablas del andamio anuncia que saltará a la cuenta de tres. Y la cuenta progresiva inicia: a la una, a la dos y laaas treees y la tabla se rompe. El mozalbete cae por entre los palos, junto a las tablas y los residuos de yeso al ríspido piso de concreto.  La concurrencia al improvisado acto acrobático, atolondrada no atina que decisión tomar frente al hecho del muchacho inconsciente tirado en el piso, de cuya nariz fluye un fino hilo de sangre.   Luego de una breve, pero eterna deliberación los espectadores conducen al acróbata siniestrado a la flamante posta medica recientemente inaugurada. Luego de algunos días el hijo del sacristán saldrá ileso de hueso y polvo para celebrar su frustrada osadía de saltar al vacío.
Otro día, desde los balaustres del malecón, escondido en la oscuridad lanza terrones a “Churchill” el mastín aristocrático de la rancia beata chupacirio que sale junto sus hermanas y al jamelgo envuelta en un tul negro luego de dirigir el rezo en honor a la virgen patrona. Mientras el pobre perro chilla de dolor la hermana de la anciana religiosa pregunta: “Pitata sajmaricayamusha” (1) y la beata replica: “Churchiltacha peru” (2), generando la hilaridad del hijo del sacristán y sus camaradas. Esa misma noche mientras el hijo del sacristán luego de cerrar las pesadas jambas de las puertas de la iglesia se dirige a su casa junto a sus amigos, les lleva la delantera un mozuelo menor que camina hacía su casa abstraído en sus inquietudes de niño. Al hijo del sacristán a quien está a punto de reventarle la vejiga   no se le ocurre mejor idea que regar su orina sobre las piernas del mozuelo que adelantas sus pasos. Cuando el menor siente el contacto de aquella corriente caliente en sus piernas exclama: “Pita alambriwan tzepiapaycaman? (3), sin caer en la cuenta que alguien le hace pis en las piernas desde la oscuridad de la calle.
(1)    ¿A quién apedrean?
(2)    A Churchill pues.
(3)    ¿Quién me da látigos con un alambre?

jueves, 26 de enero de 2017

GUILLERMO, MI PADRE



"Hay una ruptura en la historia de la familia, donde las edades se acumulan y se superponen y el orden natural no tiene sentido: es cuando el hijo se convierte en el padre de su padre”.
Por Manuel Roca Falcón.

Ver a mi padre sacar un pañuelo marrón arrugado del bolsillo posterior del  pantalón e iniciar   la primera pieza de cualquier baile es pensar en la proeza que yo, un individuo tímido salvo con unas copas encima, no me atrevería a acometer.  Mi padre, quien se auto infligió, el mote de “Waktza Garaku”, producto del reclamo a la autoridad materna de mi abuela quien precisaba de su diligencia para atrapar, llevar y ensillar los caballos en las frías madrugadas para el uso de la familia , es un bailarín por antonomasia como diría él, después de unas copas de más. Claro, no concebía, que siendo de una familia relativamente acomodada  hiciera los mandados que en ese entonces lo podía hacer otro a cambio de una paga; y entonces frente a las constantes órdenes imperativas de mi abuela expresó: “¿Entonces yo seré  Waktza Garaku para ser el mandadero de la casa?.
Probablemente a esa época se remonta el nacimiento de su afición por la doma y el jineteo de caballos que sin duda se afianzó en la temporada que hizo de domador en la hacienda de Paramonga. Aun cuando mi valoración es de hecho subjetiva por mi condición de hijo, mi padre es uno de los domadores de caballos de Chacas y de estos lares, el más temerario, de los que tenga memoria y conocimiento. Un día por ejemplo, mi primo Venshi le trajo un caballo para que lo domara; caballo que tenía la fama de haber matado arrojando por los aires en caminos estrechos, al despeñadero, a los dos domadores que intentaron amansarlo.  Ese caballo, un día, en su intento de despedir a su jinete; mi padre, se encabritó y partió desbocado por entre las chacras del barrio de San Martin y saltó por sobre las pencas varios metros de pendiente resultando en el campo de Huaychopampa, pero el jinete siguió ahí prendido de su lomo.
Mi padre, fue y es lo que se diría un mil oficios. Desde que tengo memoria fue el amansador de caballos. Fue el herrero al que recurrían los caballeros como cuando ahora recurren los conductores a una llantería por la avería de una llanta. Mi padre fue el capador del pueblo, aunque el más memorable será de hecho don Factor “cuchi capador”.
Mi abuelo Próspero fue un hombre inquieto, así que un día dijo que se haga la luz eléctrica en Chacas, montó una hidroeléctrica (casa fuerza lo llamábamos) y dio el servicio de luz eléctrica a los pocos vecinos que, en ese entonces,  éramos en Chacas. Así que mi padre, en esas circunstancias aprendió también el oficio de electricista. Cuando la  hidroeléctrica del abuelo fue desmontada en un desvarío febril  de mi tío Estenio;  mi padre siguió siendo electricista al servicio de sus eventuales parroquianos. Ya lo veía entonces con la escalera a cuestas en plena fiesta patronal cambiando los fusibles quemados del trasformador por la sobrecarga eléctrica, efecto del sobreconsumo de los visitantes.
Hasta ahora se dedica a la chacra, y no he visto un hombre tan leal al campo, que aun cuando puede cosechar menos de lo que siembra siempre está pegado a la tierra, a Chucpín, lugar de profusas recordaciones, del que sube con la persuasión de que sus 81 años le dan la experiencia necesaria para superar la cuesta que siempre ha remontado.

Este es un intento de homenaje, a mi padre, padre del que no hubiera pretendido que fuera diferente, tal vez solo que sus borracheras sean menos festivas.   Un padre, aunque yo lo pretendía evitar, que postergaba el desayuno para atender la descompostura de una silla de algún vecino o pariente que se lo requería o para atender cualquier otra exigencia.  Aunque yo reniegue siempre, ahí en el patio de la casa vieja está sentado escuchando los lejanos huaynos quien sabe para estrenar pañuelos de arrugas añejas.

Articulo publicado en El Pregonero del año 2015.

jueves, 19 de enero de 2017

CADA VEZ QUE TE SUEÑO.


El tío Federico Vidal, habitual rocamborero y la tía Meche, su esposa, apadrinado un matrimonio. Pasaremos en la casa de los padrinos  

Chacas plazacho tincurillapte Puentipiedraman gaticaycaman, Puentipiedracho tzincacuycullá Chacasplazacho canan ricayco… 

El alcalde reparte los naipes de tres en tres, y en su plato tiene monedas de nueve décimos para cobrar y pagar a los jugadores que son sus más entrañables amigos. Ubicados en la mesa circular cuyo lugar ha sido previamente sorteado por el viejo de mostachos oblongos que hace de alcalde esperan impacientes los naipes. De rato en rato el viejo repartidor adereza la tarde con alguna broma referida a su hermano que en su bodega está atento a las carcajadas que provienen de la tienda de la esquina.
Desde la puerta un joven desgarbado con el rostro picado fisgonea con curiosidad obsesiva el juego de los viejos quienes diariamente se reúnen para jugar ese extraño juego con unas cartas que le han contado que son de uso de las brujas. Recostado en la puerta verde apolillada gana centímetro a centímetro territorio en la tienda para tener una mejor ubicación y optimizar su observación. A ratos se empina para esquivar la cabeza del viejo alcalde que por momentos le impide ver el juego. 
El juego sigue su curso interminablemente mientras de la mesa emanan volutas de humo como desvaneciéndose de los   puros de tabaco que los jugadores aprietan entre sus labios. Conforme el juego fluye, el alcalde; a quien a veces también llaman zángano, reparte monedas entre los ganadores y cobra a los perdedores con fruición perversa. 
A lo lejos se puede observar desde la tienda el apuro de una mujer que con mucho esfuerzo arrastra un pesado balde cuyo contenido se puede adivinar por el fétido olor que disemina. En un descanso de su esforzado afán levanta la cabeza   y divisa allende en el postigo de una puerta verde, recostado al joven desgarbado. Inmediatamente reconoce al hijo que ha desaparecido después del almuerzo. No puede reprimir su furia al advertir el ocio del hijo mientras ella se afana por acarrear el alimento en el balde para los cerdos que cría y que pronto los venderá en la fiesta en trocitos de asado.
Entonces alista el aparato fonador y a todo pulmón grita: “Jaaacintooo imata tzaycho huancaranqui, yanapamajllasi shamuy” (1). En ese preciso momento aquella madre acuñó para su hijo el mote de “Huanca Jacinto” que lo acompañará el resto de sus días.
Entre los contertulios de Don Enrique con quienes comparte aquel viejo juego que los españoles llamaban tresillo, frecuenta don Benigno. Hombre imperturbable, a veces guasón cuando anda de humor. Este juego que practican sabe Dios desde cuando los viejos notables de Chacas, que ellos denominan Rocambor se ha convertido en un verdadero vicio y una ocasión para chancear. A menudo los viejos hasta se olvidan de cenar empecinados en recuperar la pérdida monetaria que muchas veces significa. Las mujeres sospechan que es un juego del demonio y no descuidan una oración en favor del esposo extraviado.
Un día Paula, la criada de don Benigno enviada por la esposa de este para recordar al viejo hidalgo la hora de la cena, observa desde la puerta entre azorada y tímida la partida de rocambor que acaban de iniciar los viejos amigos. Mientras observa duda entre contar o no su secreto mejor guardado, ahora que don Benigno se encuentra inerme lejos de la mirada protectora de su mujer. Finalmente rompiendo reparos considera que esta es la oportunidad. Entonces rompiendo el silencio sepulcral de la tienda con su característica voz chillona espeta: “Don Benigno jukta willaycoman, pero pengacocha” (2). Entonces todos volteán al escucharla y esperan con supina curiosidad la segunda parte  de la revelación. Exigien a la timorata Paula el íntegro de la revelación. Alentada por la exigencia, Paula, termina de contar: “Don Benigno, gayan sueñuycuro, ma abrazarcamar mutzaycamana canqui” (3); provocando la hilaridad de los viejos jugadores. Se levanta indignado profiriendo: “Chola de mierda, mejor me voy a comer”; mientras es despedido por desagradables risotadas.

(1)  “Jaaacintoo que haces ahí como una piedra, ven por lo menos a ayudarme”
(2)  “Don Benigno, quiero contarle algo pero me da vergüenza”

(3)  “Don Benigno, ayer le he soñado, luego de abrazarme Ud. Me había besado”

viernes, 14 de octubre de 2016

PARA EL AMIGO AUSENTE

PARA EL AMIGO AUSENTE


Hoy estuve esperando tu llamada que no llegó. Hoy estuve recordando lo que hubiera sido recibir tu llamada si no te hubieras ido, pero la realidad es contundente, no estás. Quién sabe, como las veces pasadas me hubieras llamado para decirme “Curito” te estoy llamando para que me saludes. Y sin duda nos hubiéramos cagado de risa de la vida, de nuestras arrugas, de los años, de las canas, de nuestras tragedias, de nuestras risas, de los amigos, en fin.
En el patio trasero de los “Libios” construyendo aquel castillo de fuegos de artificio de fósforos amarrados con pabilo mojado en una latita de kerosene y paquetitos de azufre junto a los pocos amigos que éramos, porque casi todos se habían ido a Lima. Los fósforos provenían de la tienda de mi papá, el azufre de la tienda de tu papá, el pabilo y el kerosene de la tienda de los “Libios”. Los que no tenían tienda de donde hurtar los “ingredientes” para el castillo, traían el carrizo en los que se iban instalando pacientemente los fósforos, los paquetitos de azufre para encenderlos y disfrutar de ese precario castillo después de la corrida de toros con los feroces toros a los que el “Ismu” controlaba con la cuerda, amarre de los cerdos liberados para ese fin. Eran días posteriores a la fiesta patronal en la que replicábamos en nuestra mente infantil al máximo de todo aquello que sucediera en Chacas.
Nuestro universo que era Chacas  y todo cuanto se produjera en él, se replicaba luego como en una maqueta. En aquel patio trasero de la casa doña Celinda, que a veces nos increpaba por el desorden que producíamos en su no tan apacible corral de cerdos.
Llegaban los carnavales a Chacas y en el traspatio también se erigía un madero de sauco, orlado con serpentinas, talco, escazas frutas; pero, en el patio trasero también tenía su  chiwalo.
Luego llegó a nuestras vidas ese periodo en el que espíritu angustioso y enmarañado se apodera de cuanto nos sucede. Entonces empezaron los bailes, empezaron a tomar vida las chicas. Por ese embelesamiento que producen las mujeres alguien se cayó del muro de don “Mañumariluz” de tanto mirar a las nietas.
Empezaron las “janaras” como dijera un día el chino Jorge, un día como hoy en la sala grande de la antigua casa de tus abuelos. Teníamos que empaquetar quién sabe un jaboncillo o tal vez un par de docenas de caramelos para obsequiarnos como regalo de cumpleaños. Después vinieron las fiestas en la casa del “Barrio Alto” como te gustaba llamarlo, barrio donde vivian los “Moishes”  también,  en aquella casita que hubieras querido que fuera de resipol. En ella se reunían la crema y nata de la belleza que inspiraba decir “Chacas que lindura”. En ella al son de una cumbia, talvez “Cariñito”, torneando los brazos de manera sincronizada, o un zapateo de un anodino huayno o quién sabe de un ritmo loco de “The Queen and Revolution” empezábamos a cortejar a aquellas chiquillas en quiénes también empezaba a despertar ese no sé qué las inquieta.
De esa época, como no recordar que enfundado en un poncho habano mientras intentabas deslizarte por la ventana de la casa de la gordita que quitaba tus sueños, te atascaste entre los barrotes de fierro de la ventana y tuvimos que jalarte de los pies y a duras penas liberarte pero el pánico ya había cundido entre la vecindad del frente. Cómo olvidar que el día de tu “matri” esa misma chiquilla la de la ventana, acompañada de un joven delgado espigado y barbón salía a contemplar la hermosa luna; fue sorprendida por la madre de esta en la puerta, y el joven no tuvo otra alternativa que pedir permiso: “Señora, puedo salir con su hija a dar un paseo” a lo que la vieja media ebria replicó: “Anda no más, barbón de mierda.”
Como olvidar tu sencillez, tu fidelidad a todo, tu pasión por Chacas y tus amigos, tu amor por tus padres, tu mujer, tus hijos; como olvidar que se te iba la babita por tus nietos, tu vocación de imitador. Tu increíble paciencia para escuchar y no amargarte ante nada.
Hoy no me has llamado, “hoy estoy en el poyo de la casa, donde nos haces una falta sin fondo” como diría Vallejo, tal vez sería pertinente agregar que hoy también te estamos esperando con un vaso de chela Pilsen helada en algún patio de una casa antigua esperando tu sonrisa franca, entrando con una anécdota entre manos y un abrazo fuerte en ciernes.

Feliz cumpleaños Coñito. No te hemos olvidado,  sigues viviendo entre nosotros. Solo has cambiado la forma de existir.

jueves, 11 de agosto de 2016

PARA COÑITO, IN MEMORIAM - "APREMIOS DE PELUQUERÍA."

APREMIOS DE PELUQUERÍA.


"Quien vive en el recuerdo de los demás nunca muere"

Por Manuel Roca Falcón.

El viernes 22 de julio mientras viajaba rumbo a Lima, a través del Whatsapp iba conversando con Coñi quien siempre encontraba el humor en cualquier lado de la vida y lo usaba como  mejunje de la amistad y en esa conversación me contó de casualidad parte de este relato que yo andaba buscando para cumplir el compromiso con los editores de "El Pregonero" de escribir un artículo.  Cuando le dije que había encontrado el argumento de mi próximo artículo;  en son de broma y, presumo, premonitoriamente me dijo: “Ni lo publiques, soy hombre muerto”, haciendo alusión a que Yango, su cuñado, protagonista de la anécdota  le encararía que me hubiera contado.

Coñito: amigo, hermano, compañero de tantas aventuras para tener la memoria viva de tu recuerdo, para que donde estés no pierdas la costumbre de reír te cuento esta anécdota que me contaste, y no me reclames: “Curito, ¡escribe pe!, que queremos matarnos de risa”.

(Ver el vídeo)


Uno de los momentos de la vida más vacíos, soporíferos e inactivos debe ser aquel en que te sientas en una poltrona de peluquería. Y si sobre ello se agrega el roce deliberado de la palma de la mano del peluquero sobre tu rostro o alguna parte sensible de tu cuerpo el suplicio se acrecienta, salvo que quien te esquilme la melena sea una fémina de buen talle; entonces sí, sentir la proximidad de sus pezones sobre tu rostro, aun cuando la blusa nos separe de su contacto, prontamente te pasma de entusiasmo.

Un día Pepelucho concertó una cita con un par de jóvenes peluqueras que de buen talle no estaban lejos de la perfección; pechos turgentes, muslos torneados, ojos juguetones y cintura hechicera hasta por  el trasluz  de sus ceñidas blusas. La cita fue concertada en la peluquería “Las Rositas” para después de una larga jornada de esquilaje apremiante y de sábado febril. Pepelucho llegó puntual, peinadito después de un laborioso trabajo de sometimiento  de sus rebeldes mechones que se resistían a la orientación que intentaba delinear el peine con la ayuda de un suavizador aceite de almendras para bebés. Su rostro obscuro, su mirada ingenua y su sonrisa ansiosa de apremios no satisfechos ingresaron por el postigo abierto al medio de una puerta metálica desenrollada debajo de un anuncio luminoso de neón con dos rositas en los extremos. En una mano la sonrisa ansiosa llevaba una bolsa de supermercados con media docena de botellas de ron y en la otra mano el sudor irrefrenable de un deseo reprimido. Saludó a las chicas con un beso en la mejilla y un lacónico “hola”.  Al rato las botellas fueron una a una destapadas y escanciadas en copas dispuestas entre los frascos de talco, cremas y otros cacharros en una de las mesitas de la peluquería. Después de un largo trajinar de las copas y cuando sintió el vaho del licor subir desde los dobleces de su estómago hasta los aledaños de su cabeza entró en la cuenta que su metas afrodisiacas tendrían que ser postergadas, pues pronto quedó postrado ebrio de amor, deseo y alcohol sobre el sillón de peluquería. Las chicas mientras tanto apenas achispadas por las copas de ron, en su intento de agradecer a tanto galanteo y atenciones de su amigo  Pepelucho pensaron que tal vez a ese rostro moreno  le iría a la perfección un enrulado a lo Africa Look. Presurosas le pusieron los rulos, los bigudíes, los químicos ondulantes, el gorro térmico y esperaron los resultados de su trabajo casi hasta el amanecer. Cuando al día siguiente Pepelucho despertó   y se vio en el espejo se asustó tanto de su nuevo look que se escapó hasta Acochaca, su tierra natal, para que nadie lo viera. Cuando transpuso el viejo portón de la casa , Cori sorprendida no dejaba de decir: “yu?”, “yu?”, “yu?”,…

No muy lejos ni en el tiempo ni en el espacio, Robin entró  a la peluquería donde era parroquiano habitual. Solicitó al estilista de su preferencia que le alisara el rubio cabello que  había crecido desmesuradamente y que distorsionaba su cuidado y deliberado porte de militar. Se sentó en la poltrona rosada del centro de estética “Yensi Coffiure”, el estilista empezó su trabajo poniéndole la capa de corte rosándole el cuello con sus delicados dedos lo que le produjo cierto escalofrío lacerante. Mientras Robin ojeaba una revista de modas Yensi, el estilista, ejecutaba su trabajo tarareando entre dientes una canción de moda. A Robin le pareció que inhabitualmente Yensi esta vez se demoraba mucho para concluir un corte que siempre había sido relativamente sencillo; sin embargo, esperó pacientemente mientras escuchaba bisbisear el ritmo anodino que el estilista ensayaba. Tuvo que soportar el roce de sus dedos, por momentos algún jalón de cabellos, la gélida punta de una tijera y eventualmente, sobre su nuca, el frio y la humedad de un  pulverizado líquido fragante que salía de un chisguete. Cuando finalmente Yensi empezó a desabrochar la capa de corte y a pasar sobre sus hombros y cuello el cepillo de talco sintió alivio; pues, era el anuncio de que el corte iba concluyendo. Finalmente el peluquero haciendo una pirueta de valet le puso un espejo al frente anunciándole: “¡Mira esta obra de arte!”. En el espejo se proyectó una imagen que no encajaba en su memoria, era su rostro pero con cabellos ensortijados, hasta cierto punto era una imagen híbrida,   la suya  y la  de su mamá. Recién cayó en la cuenta entonces que la demora obedecía a que Yensi  se había afanado en ensortijar sus rebeldes cabellos rubios  teutones. Una vez repuesto de la impresión inicial se enfureció y exigió  al estilista: “Córtame carajo”; pero, el estilista no podía estropear su obra maestra así que se negó. A los pocos minutos la obra de arte caía entre los dientes romos de una vieja y oxidada máquina de peluquear de un antiguo peluquero.